domingo, 21 de agosto de 2011

Sombra

Sostenía en mis ojos el reflejo de los suyos,
seguía con mi olfato la fetidez de sus palabras.
Oía sordo la soberbia ventisca,
emanada por el movimiento de sus labios.

Se apartó de mí, mi sombra,
tomó su brazo izquierdo con ambas manos.
Meticulosa y sombría fue la incisión de sus dientes.
Sus venas gimieron,
las negras fauces bebieron.

En cascada intravenosa la sangre fluía:
sus fuerzas sucumbieron,
sus piernas cedieron.

Cayó al piso, sumergido en aquel rojizo lago,
se ahogó en sus venosas transpiraciones.

Sonreí y me palmee el hombro.
Mi sombra correspondió el gesto,
igualmente agradecida

Sin moverme de mi sitio,
logré batir su orgullo.
Contemplé el rendimiento no asumido de su ser
me voltee y camine, temeroso de ver...

Elugo

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