martes, 29 de noviembre de 2011

Petunia


Petunia era una articulada dama de sociedad, de una belleza insondable, todos los nobles la deseaban. Petunia tenía un grácil encanto con el que acariciaba las mentes y los bajos vientres de todos aquellos que se acercaban a ella, sin distinción de género alguna: hombres, mujeres y hasta animales; se supo de un caballo, al que montó una vez en una de sus sesiones de equitación, al cual no pudo fácilmente sacarse de encima. El caballo la seguía con su relincho a todas partes, hasta que el alguacil McGregor decidió sacrificarlo, esperando así una recompensa por parte de Petunia. Ésta, complacientemente, le guiñó un ojo y le dio un beso en la mejilla. McGregor infartó en ese mismo momento sublime.
A Petunia le gustaba pasear, deshojando margaritas por la avenida, el aroma de las flores trazaba un rastro similar al que utiliza la hembra de la mantis religiosa para atraer al macho, su presa.
A Petunia le gustaba llegar a la desembocadura del lago y a la vista de todos, quitarse una por una sus prendas y bañarse allí, apaciblemente, siendo consciente de la mirada de los otros y más que importunándose por ella, encontrando regocijo en esos ojos deseosos de su monumental figura.
La vocación de Petunia era la seducción Per se, era de esas mujeres que estando seguras de su condición de belleza divina, aprovechan sus dotes al máximo y se dedican al cultivo de los mismos.
Desde niña aprendió que su hermosura nata le brindaría un trato preferencial con respecto a las demás niñas. Y encontró placer en recibir los primeros regalos de los que serían sus primeros pretendientes (que luego la acecharían toda la vida, pues una vez que caías en la red de esta mujer arácnida, difícil era librarse).
En el jardín recibió todo tipo de esculturas de plasticina (entre ellas, las más osadas y avant-garde que utilizaban secreciones humanas en la mezcla con la masa, concretamente mocos), dibujos, insectos en frascos, caramelos e incluso monedas (cuestión por la cual una de sus compañeras la llamó prostituta y fue expulsada al instante del colegio). Las demás niñas la observaban con cierta envidia, pero no la odiaban, la admiraban, deseaban ser como ella.
En la escuela, sus rasgos físicos la ayudaron a pasar y pasar los años sin esfuerzo alguno. Nunca tocó un libro, hasta las maestras se sumían en su brutal encanto y despampanadas por su cara de porcelana asentían todas sus respuestas y las daban por ciertas, para desconcierto de los ratones de biblioteca que poblaban los salones de clase (que desde ahí empezaron a planear la muerte de Petunia, nunca atreviéndose a concretarla (Macachín, uno de los niños más inteligentes de su curso, quiso acuchillarla con una trincheta cuando Petunia afirmó que los delfines eran peces y nadie se atrevió a contradecirla, pero al acercarse por detrás en el recreo y al vislumbrar esa cabellera dorada que parecía emanar los propios rayos solares… tiró el arma blanca a un lado y se echó a llorar a sus pies… Petunia dio media vuelta, acción que imitaron sus secuaces, y le dijo que a las niñas no les gustaban los bebés que lloran pero que si le compraba un alfajor podía cambiar de opinión)).
Así, Petunia fue forjando su vida y concretando sus sueños y fantasías con tal facilidad, que para cuando dejo el liceo (pues se convirtió, como era de esperar, en modelo) se le podía notar en el rostro esa expresión de indiferencia ante la vida y los demás, como si todo le diera lo mismo, como si contemplara al resto desde una altísima torre.
Petunia se fue aburriendo de a poco y su semblante se fue apagando lentamente, cultivó una vida tan superficial y frívola que se olvidó de formarse una personalidad y un carácter. Se fue volviendo un fantasma de carne y hueso, impresionantemente hermoso por fuera, pero frío y vacío por dentro. Se volvió insulsa e inocua, inodora e incolora. Conservaba todos sus atributos físicos pero el aura chispeante que la rodeaba se fue desvaneciendo. Ya nadie la toleraba, nadie la escuchaba, nadie le prestaba atención cuando hablaba. Los demás sabían que no tenía nada interesante para decir y se limitaban a contemplarla, como quien contempla una estatua. Petunia envejeció prematuramente y habiéndose percatado de que su belleza llegaba a su fin, optó por la muerte.
Yo, Macachín, la quise convencer, le dije que siendo tan hermosa como era, podía serlo aún más si se dedicaba a lo que de verdad quería. Pero todo rastro de aspiración y deseo había desaparecido en ella, se había vuelto tan volátil y aburrida que se olvidó de aquello que la movilizaba y la entusiasmaba. Ya nada le parecía nuevo y asombroso, sólo el encanto de la muerte la seducía.  
Yo, Macachín, obsesionado durante toda mi vida por ella, no pude más que llenarme de alegría cuando aquella fría tarde invernal golpeó mi puerta. Sus manos conservaban su sutil delicadeza, las tomé al besarlas para saludarla y me helaron los labios. Petunia me miró a los ojos, o justo a la altura de ellos (nunca lo voy a saber) y me rogó que terminara lo que había empezado.
Yo, Macachín, asentí embobecido, como decirle que no a esa mujer. Fui hasta mi cuarto y tomé del cajón de mi cómoda una trincheta, la misma que lancé a un lado en el patio de la vieja escuela. Primero hice dos cortes incisivos en sus muñecas y luego artísticamente realicé los tajos que me pidió en su rostro vacío de vida… “es para que no me reconozcan” me dijo irónicamente.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Voz alta

Puta madre las 12 ya
pa mañana me tengo que levantar  re temprano  a estudiar  materia de mierda  la tendría que haber salvado hace rato soy la persona con peor suerte académica
bueno ta me voy a acostar y mañana antes del medio día trato de subir algo no se pa que me miento el lunes pasado dije lo mismo  y no subí nada
le voy a decir al Lugo pa cambiar los días los lunes es una pija
si no tenes nada escrito el viernes cagaste eso  les voy a decir  el viernes de noche casi siempre algo hacemos y te terminas acostando tarde y medio en pedo  el sábado te levantas resaquiado mientras comes algo coso  coso son las 9 y estas en el mismo plan de la noche anterior viendo que sale    no estás escribiendo terminas saliendo y  te volves a acostar re tarde y medio en pedo de nuevo  te levantas medio partido cocinas algo tas ahí en la vuelta un rato vas pal parque o algo y ya tenes que publicar y yo que se publicar un texto de una hoja nomas te lleva una tarde más o menos no seas malo
si ta mañana les voy a decir eso
lo que pasa que no pinta no subir nada hace 2 lunes que no publico  me van a re agitar los gurises
sino la otra es publicar algo viejo 
pero es una cagada las cosas que tengo
y si no hacer algo medio gracioso que se llame cara de estornudo, medio pijiando al cara de domingo ta original eso de cara de estornudo creo que nunca lo había escuchado seguro debe haber gente que tenga bruta cara de estornudo yo nomas que estoy resfriado desde el 2004
de google + estaría bueno hacer algo  onda miguel senecasse  ta re salado google + van a controlar el mundo estos soretes
antes claro andabas en la vuelta pero eras un IP nomas o no sé qué serias pero ahora que sacaron  la red social esta  se van a comer todo  les llueve información  ahora con todos esos datos no sos mas un numerito  sos  el juan perez que anda buscando el video del travesti que es zaguero tengo que buscar ese video jaja que salado claro tienen las caritas y miles de fotos de  todo el mundo  claro hay gente que tiene más de 1000 fotos subidas  cada colgado anda en la vuelta  deberían dar en los liceos algún tipo de charla informativa sobre la privacidad de las redes sociales o sobre algo de eso  hay pendejas que suben fotos sin tener la mas puta idea de nada fotos recontra familiares o mostrando el culo en todas  no está mal pero ta no se hasta donde tienen idea  que cosa que no entiendo la gente que sube un video al facebook y le pone me gusta si lo subiste se supone que te gusta o los que se saludan y se cuentan cosas en comentarios y están los dos conectados que pija si están los dos conectados porque no hablan en privado se cuentan la vida públicamente eso va a traer quilombo el hacer cosas y hacerlas públicas todo el tiempo toy seguro que los gurises estos que mataron el perro a palazos  o los soldados  que manosearon al haitiano y lo subieron fue por abstinencia  de figurar
sino la otra es subir algo de las comedias románticas lo más nocivo que anda en la vuelta ta de moda darle palos a tinelli es una verga tineli pero las comedias románticas cuantas minas que le venden ese cuentito hasta que tienen 30 años o más y tienen una vida de mierda pero igual siguen creyendo en el amor a primera vista para toda la vida  super encuentros en el ómnibus dejate de joder los infaltables finales felices toy seguro que las que son fanáticas de exel arjona y todos estos pajeros si te gusta axel seguro te gustan las comedias románticas y tenes un sorete en la cabeza terminan frustradas después con tineli de ultima se ponen unas tanga y cumplen el sueño
bueno ta mañana veo que hago.


                                                                                                                                       Nano

domingo, 27 de noviembre de 2011

Verdad


Las palabras traicionan.

Son tantas. Alrededor de mi cuello. Escupidas de mi boca.


Intento decir algo auténtico.


Ahí va:

Extraño hacerte el amor.



La Gata Flora

viernes, 25 de noviembre de 2011

Distancia del olvido

  Pero espérame 
  Gúardame tu dulzura
  Yo te daré también
  Una rosa

  Pablo Neruda

    I

  ahora ella me estará olvidando. como si el olvido fuese una planta que al crecer fuese desalojando los recuerdos, los rostros, los nombres. como si nos fuese desalojando.

  yo hubiese querido comenzar el relato con esta frase, Y no me sorprendería que hasta hablase con las flores. y es que lo primero que me viene a la mente al querer recordarla es ella regando sus plantas, el olor a menta que se desprendía de los canteros y que nosotros arrancábamos para llevarlo lo más cerca del rostro posible, el olor a dulce de las flores, el chorro de agua de la manguera que atravesado por el sol formaba en pleno jardin un arcoiris privado. a veces, si uno tenía suerte, podía ver hasta dos o tres picaflores surgir desde el más-allá de los muros del patio y entonces nosotros corríamos a anunciarle que tenia visitas y ella parecía no sorprenderse, como si se tratase de invitados puntuales y apreciados con los cuales tuviese, a cambio de su presencia, un pacto de distancia y discreción. desde el ventanal del vidrio del comedor yo la veía regar sus plantas y ahora me doy cuenta que era como ver a un pintor derramando colores ante un liezo enorme y en blanco. recuerdo que cuando el rosal florecía ella se agachaba con unas tijeras y cortaba una de las rosas para que yo la lleve hasta casa. en el camino de regreso, era como llevar parte de su belleza entre mis manos.

   II

 tomaba el te hirviendo. estando los dos solos de tarde en su casa (ella hacía tiempo estaba enferma) me habló de una mujer llamada celia. celia era la esposa de su cuñado muerto hacía más de 30 años. me contó cómo todos los dias hablaba con ella, cómo las dos se llamaban para hablar de la vida, de los hijos, del tiempo que pasa. yo en ese entonces desconocía si celia seguía viva, pero sabía con certeza que era imposible que lo que me contaba sucediera en alguna parte, en verdad no podía imaginarme cuanto tiempo la separaría de la última vez que habló con ella. pero no tenía sentido decirle abuela te parece? no estarás equivocada, confundida, como tantas veces le decíamos y simplemente me dediqué a escucharla, a preguntarle, a desenredar la madeja de sus recuerdos que a mi se me parecían tanto a una sesión de espiritismo. yo veía como el tiempo se deshacía en su boca como el azúcar que le echaba a mi te mientras esperaba que se enfríe y ella esperaba que yo termine el mio. pocas veces sentí una sensación de irrealidad tan grande o la realidad me pareció tan frágil, tan vulnerable, capaz de ser amenazada por una voz hasta sus cimientos. lo terrible es que cuando me vaya yo voy a ser el fantasma, pensaba, y celia la confidente, la amiga, la compañera de horas de olvido.

  III

  cuando mis abuelos no estaban los días pasaban lentos. extrañaba salir del colegio y caminar las dos cuadras que me separaban de su casa y al llegar encontrarme, con algo de suerte, con mis primos y tíos y tomar el vascolet licuado (aunque en realidad a mi no me gustaba y solo lo guardaba en secreto porque a mis primos y a mis hermanas les parecía una maravilla) y sentir algo tan simple como ser bienvenido y aceptado en una casa sin importar las circunstancias. bastaba levantar el telefono apenas algo antes del mediodía para anunciar que iba a comer y el si siempre como un eco del otro lado de la línea y recuerdo cómo había que insistirle a mi abuela para que se sentara a comer y que nunca lo hacía hasta que la última persona estaba servida y cómo siempre preguntaba si estabamos llenos y si no querías algo más con una voz tan ajena al compromiso y la recuerdo despues limpiando los platos y sacudiendo los manteles con una paciencia enviadiable hasta que todo quedaba exactamente como antes y no se enteraría uno que ahi pasó algo si no fuera por esa sensación de paz que da la ausencia del hambre y el gusto a comida que todavía descansaba en la boca.

  IV

 mucho tiempo despues, y cuando ya había olvidado varias de las recetas que le habían dado un nombre entre mi familia y las ganas de cocinar, fui a visitarlos de noche. yo estaría charlando con mi abuelo de fútbol al lado de la estufa cuando de repente la vi levantarse e ir hasta la cocina y de a poco desmenuzar un pollo que mi abuelo habría comprado en una rotisería y cortar algunas verduras y fritarlas en una sarten para tener algo con que convidarme. yo tendría que haberme encerrado en el baño y llorar hasta correrme el color de los ojos. no recuerdo si en ese momento sentí algo. tendría que haberme dado cuenta que había algo ahí que estaba tocando su ocaso, tendría que haber visto la ternura en el fondo al terminar de raspar lo último que quedaba del plato.

  V

 me estará reservando un lugar especial en el olvido. como si la memoria fuese una flor deshojada al viento y este el pétalo que alcanzo a descolgar con mis manos.

                                                                                                                     Seoane

jueves, 24 de noviembre de 2011

Los elementos

 Será la simplicidad implícita en mi forma de escribir, o talvez en el orden del mundo pero cosa que me encanta para comenzar mis relatos es el paso del tiempo, el inevitable, el sereno, el que nunca falla.
 Los árboles ya iban adelantando el rumor que todos sabíamos estaba cerca, el invierno nos daba paso a la primavera y esta día a día se iba poniendo más cálida, que hermoso, que lindo el sol, salir a la calle y sentir como revitaliza cada parte de nosotros, dejar el jogging, el buzo, calzar las alpargatas, las remeritas, el short, los mas osados unas chinelas, que lindo.

 Así como a quien le falta algo, como el que se da cuenta que no está todo en orden, así me levante yo, sentado en el sofá del living de mi casa, me había dormido sentado, estaba babeado. "la puta madre" pensé, yo sabia que el pecado se había consumado, aun así la vida me dio la alegría arendatiana (leer acción en Hanna Arendt) del perdón y yo seguí adelante con lo que seria una gran travesía. Poco me importaban las 4 horas que había dormido, en ese momento no pasó nada, mi cerebro estaba pronto para meterle con todo, por suerte. Desayuné rapidito un café con leche, medité un segundo si armarme un mañanero y decliné la idea por temas de salud, (dicen q no es bueno pitar antes de estar 1 hora despierto, paso el pique), esos mañaneros de noches largas te dejan el cerebro literalmente explotado y yo tenía alguna que otra intención. Omití la higiene dental y salí como un  bólido a la calle. No hay misterio, tenía un cumpleaños en pando, el de una prima, muy lindo por cierto y como siempre unas hamburguesas de las mejores. A la vuelta se ofreció mi primo para hacerme el aguante por la ruta 76 que me dejaba en pando y de ahí a montevideo. Creo que fue al bajarme del primer bus que me di cuenta que hacía un rato largo yo pensaba en el sol, en el calor, que lindo. "se viene mi amigo el verano" pensé, que cómico porque yo no sé si soy tan amigo del verano, pero seguro amigo de la primavera y del otoño, lindas estaciones, lástima estén desapareciendo por estos pagos.
 Muy amable la gente, no podía ser de otra manera, el ser humano es bueno, o en potencia. Me subí al bus que decía montevideo y me senté solo en el asiento 20, talvez 25, no había nadie así que elegí a mi antojo y por supuesto abrí la ventana, hermoso, un  vientito precioso me bañaba la cara mientras yo dejé que mi imaginación se perdiera en los confines de cualquier placer mental. Sonreí, sonreí y comencé a mirar para afuera, la gente en sus vidas, algunos esperando un bus, otros jugando, otros trabajando, la vida tiene eso, hay gente pa todo, no todo es tan simple, ni tan complejo. Aun así había un factor en común, un destino común a todos, no importaba la edad, la cara, el pelo ni las costumbres, todos estaban guiados por la imperiosa necesidad de gozar de la sombra. Porque si tiene un amigo intimo el sol es la sombra, esta lo contiene y nos lo regala de una manera mucho mas amigable, además lo conoce, son amigos desde siempre, se dice son lo mismo pero yo de física quántica no sé nada. Parejas, familias, amigos, niños, todos tirados a la sombra separados por nada y unidos por todo, gozando del vientito que hacía volar sus problemas,  los hacía cerrar los ojitos, respirar profundo y meditar valla uno a saber de qué. Me sentí parte de ellos, claro que si, yo estaba en la misma alabando el roce ese de el aire que llamaron viento. Fue tan lindo ver cómo la homogeneidad de todo tipo se suscribía a la simpleza de un guión cotidiano, simple, natural, irrelevante podrán algunos decir. Cuanto más me arrimaba al gigante de cemento, mas lagartijas de ciudad se escurrían a los árboles, a los muros, a los techos, a todo material que cambiaba sol por sombra. Entonces me puse melancólico, me puse utópico, es que de verdad nos vi a todos tan hermanos, gozando de la naturaleza, sin chancees de cambiarla, de modificarla, de usarla en beneficio personal, todos la disfrutaban y nadie parecía tener ni una queja, bueno talvez algunos queríamos un chop, uno frió, sudoroso y sabroso, de esos que hidratan tanto o mas que la propia materia madre del ser, el agua, tema de ella, yo no opino, no aun.
                                                                                           tito  

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El hombre de las escobas


(Leer el texto de dos maneras, primero sólo lo que está en negro, luego el texto completo. Gracias.
PD: Cambia tu perspectiva acerca de mí, o no.)

“¿Así te gusta hijo de puta? Todo esto es por no hacer caso y no seguir las reglas que te pedimos que siguieras. ¿Entendés que es más fácil si nos hacés caso?”.

Mi manera de trabajo siempre contenía esta frase, mientras realizaba mi performance, decía estas palabras con un heroico tono en mi voz. Inconscientemente aparecía, he inconscientemente se iba.
Como si dentro mío hubiera una guerra entre dos personas totalmente opuestas y claro está, ganaba la violenta.
Solía trabajar en una tienda que vendía artículos de limpieza, el local siempre limpio, las relaciones humanas no. Me sentía cómodo en ese lugar, pero tampoco la pavada, es decir, si apareciera una propuesta un tanto más interesante, sin pensarlo partiría en retirada. Pero simplemente era un deseo utópico, nadie iba a ofrecerme trabajo entrando al local y diciéndome. “Nos interesa lo que hacés, nos gustaría tenerte en nuestro equipo”. Era un simple vendedor. Pero esta grandiosa experiencia laboral provocó en mí conocer mi vocación interna.
Todo comenzó un mediodía, el local se encontraba cerrado y yo almorzaba en el cuarto trasero del local.
Una porción de arroz con dos hamburguesas precalentadas trataban incómodamente de entrar en mi boca, mi ser deseando que alguien tocara esa puerta y por equivocación me trajera una muzzarella con roquefort, pero también una vez deseé una ferrari con una rubia y una morocha adentro y lo más cercano que vino, y sin pedirlo, fue Olga, 53 años, 5 hijos , fumadora compulsiva y obsesiva, a tal punto que una vez apareció en la puerta del local vestida con un bikini de 2 piezas con la intención de que yo le diera mi opinión sobre como le quedaba ese bikini. “Te queda bien, marca mucho tu cuerpo pero te hace una persona con un corazón enorme”. Creo que con esto zafé.
La puerta comienza a sonar, una persona parada golpeándola. Ya mi relación con esa persona comienza mal, no me gusta para nada su manera de hacer sonar la puerta, típico de esas personas que logran marcar presencia pero no por ser notablemente interesantes sino porque obligan al entorno a creer que ellos son personas interesantes. Están como en un nivel de energía más alto que el resto, no me van.
Trago mi pequeña porción del delicioso arroz blanco, me dirijo hacia la puerta.
Un hombre se encuentra esperando ansioso allí, le abro, me mira, lo miro, me mira esperando un hola ¿tal vez?, para cagarlo le digo buen día, le sirvió igual.
-Buen provecho- me dice.
Más mal me cae, ¿porque me tuviste que decir buen provecho?, si yo no te quiero decir gracias, ni tampoco entablar un diálogo contigo.
-Gracias- le digo. – Adelante, pase-le digo con mi mano extendida hacia adentro.
El hombre pasa, mira a su alrededor con sus ojos, como los de un búho. No me cae nada bien.
-Perdón si le interrumpí el almuerzo, si quiere vuelvo más tarde- me comenta.
Encima sos políticamente correcto, es obvio que no te voy a decir “volvé más tarde”, si estoy para vender, ya estoy pensando en todas las maneras de castigarte que tengo. Empezando por ponerte en volumen 89 un disco de Evanescence.
-No, señor no hay problema, nosotros siempre estamos a su servicio-mi dignidad por el suelo.
-Estoy en la búsqueda de jabón para manos con sabor a frambuesa del oeste de Egipto, ¿venden?- me pide.
¿Es joda esto? ¿Tengo cara de vender algo de este estilo?
-No vendo ese tipo de cosas-le comento.
-Ah, bien, pensé que vendían de todo-me dice.
Sí, vendemos de todo, autos, cuchillos para matar gente y escobas.
-Discúlpenos, no vendemos de todo-le digo.
-Está bien, tendré que ir a otro lugar, muchas gracias- con un tono totalmente molesto para mi persona.
El hombre se da la vuelta y comienza su retirada del local.
-Espere, ¿De casualidad conoce a alguien que arregle cañerías?-lo freno con esta gran pregunta. Nuevamente la suerte está de mi lado.
-Yo soy plomero, me puedo fijar cual es el problema- Me dice.
-Ah buenísimo-le digo.
-Pero le voy a tener que cobrar por la visita- aclara.
Listo, te ganaste todas las fichas.
Lo hago pasar al fondo del cuarto con la famosa frase del lobo de caperucita “pase por acá, es por aquí” que si mi memoria fallara y no fuera una frase del lobo, sólo quiero decirte lobo que esta frase podría haber cambiado la historia.
Lo primero que tengo que hacer es encontrar el momento exacto para desarrollar mis movimientos a la perfección.
La escoba es una opción. Los frascos de shampoo también. El hombre se agacha y comienza a mirar las cañerías. Las estudia, las toca, las prueba. Pero nada.
Al levantarse del suelo, se da vuelta y me mira, por suerte vendemos alcohol en el local, obviamente ya tengo un paño lleno de alcohol en mi mano.
En ese momento no sabía si en las películas generalmente usaban alcohol para desmayar gente, así que tenía mucho que perder. Le tomo la cabeza y le pongo el paño en la boca y nariz.
Debo haber estado intentando que se desmayara alrededor de 40 minutos y nada, evidentemente el alcohol no hace efecto.
Tomo un frasco de vidrio que se encuentra en un mostrador cercano adonde estábamos los dos peleando por nuestra libertad y se lo pongo de sombrero al hombre. Fueron como 600 toneladas del alcohol que estaba usando antes, ahora sí se desmayó, tengo la prueba perfecta para demostrar que el alcohol funciona, si lo acompañas de un frasco de vidrio a la cabeza.
Como no estaba interesado en que me llamaran “el hombre de las jarras de vidrio en la cabeza”, decido utilizar una escoba que se encuentra a escasos metros míos.
¿De que manera? Bueno básicamente el palo de la escoba tiene forma de falo por lo tanto está destinado a orificios, siempre. Se preguntarán ¿cual? Bien, si me hubiera agarrado de otro humor hubiera ido directo a la boca, pero como en desde un principio esta persona no me cayó bien y no me dejó terminar mi delicioso almuerzo, su destino era más que obvio.
Almuerzo+Escoba+Hombre que no me cae bien= Pérdida de dignidad, dejo que la imaginación vuele.
Este cuerpo no iba a quedar en el local, decido tirarlo por unos bosques a unos 1000 kilómetros del lugar donde vivo. Todavía no me han llamado.
Y bueno, este es mi inicio en la lucha por el bien de las personas y del pueblo, soy un superhéroe del pueblo.
(Más tarde me enteré, que este hombre golpeaba a toda su familia, llegando a niveles insospechados de violencia. Luego de su desaparición, su mujer conoció a un hombre, una persona de bien que durante un tiempo trabajó en una tienda de venta de artículos de limpieza. Ahora son más felices que nunca, se huele solamente paz y amor en esta casa)
Para ir terminando mi presentación, ya que apareceré más adelante, contándole mis hazañas quiero dejarles otra pequeña historia, un tanto más resumida pero que tiene un aprendizaje muy importante para entender la vida.
Este hecho me ocurrió hace ya algunos años, en un domingo normal, mi día libre.
Me dispongo a ir a ver una película al cine. Haciendo la fila para poder entrar, una persona recién llegada se dirige directamente hacia la puerta como si conociera a las personas y entra como si nada. Rápidamente me dirijo hacia la puerta para saber que ha pasado, el porqué esa persona no hizo la cola como el resto. El hombre me contesta que él pasa porque él quiere que sea así. No me gustó su manera de hablarme y no me cayó bien que ese hombre entrara sin hacer la cola, no es justo. Una persona que se encuentra haciendo la fila me grita que no moleste más y que vuelva a la fila. Tres.
Espero en mi lugar sabiendo que la venganza se está acercando. Por suerte siempre llevo escobas de más. Al primero que pongo en mi mira, es al hombre de la fila, en un momento se sale de la fila para ir al baño. Lo sigo y aplico mi sistema de venganza, esta vez sin alcohol ni jarros de vidrios en cabezas. Solamente palos de escoba, sería como una especie de operación sin anestesia. Duele pero es efectivo. Mi primer trabajo hecho. Tranco uno de los baños y dejo el cuerpo dentro.
(Luego me enteré que este señor de 66 años era una traficante de pornografía de menores, haciendo fortunas en base a este negocio, vendiendo a sus hijas y obligándolas a hacer estas prácticas sin su consentimiento)
Vuelvo a la fila, me permiten entrar a la sala. Comenzada la película me levanto y salgo de la sala, hacia mi nueva víctima: “El cortador de boletos”.
Para mi suerte este hombre sufre de esfínter incontrolado, esto es cada cinco minutos, baño.
Nuevamente al baño, lo sigo y una vez dentro del baño aplico mi sistema sin anestesia nuevamente. Lo guardo en el baño junto a mi otro enemigo, este último con la cabeza dentro del water, formando la posición 69 con el otro. Me limpio las manos ya que debido a su esfínter punk me salpico de orina en los brazos.
(Un primo de mi primo me contó que este hombre es un asesino en serie de personas y utiliza para matar a sus víctimas, litros de jabón de tocador, se los hace tragar hasta que se mueren de intoxicación. Un asesino limpio)
Mi último enemigo se encuentra dentro de la sala,  tengo que esperar a que salga y encontrar así el momento justo para terminar mi trabajo. Al cabo de un rato el hombre sale, lo sigo a través de las calles de la ciudad. Llego a una calle totalmente vacía y desolada, aplico mi sistema sin anestesia, éste grita demasiado, trato de hacerlo rápido para no despertar a la población. Logro mi cometido, tiro el cuerpo en un contenedor verde y salgo corriendo lo más rápido posible.
(Luego me entero que este hombre pensaba asesinarme debido a que no le caía bien, mi muerte no era para nada placentera. Es más, diría que innecesaria, usá un arma no una máquina de carnicería en donde se pueda cortar las extremidades. Esto es el lejano oeste, cerrás los ojos y te llega tu balazo a la frente)
¿Conclusión? Si es que la hay, llevá siempre muchas escobas porque siempre hay un pelotudo hijo de puta que te caga las salidas.
El Bigote Castro

martes, 22 de noviembre de 2011

Olaf

Olaf era un menonita… Olaf creyó durante años que el mundo se reducía a su granja y a su aldea.
Olaf se levantaba muy temprano, de madrugada, cegado por los primerizos rayos de sol que inundaban tímidamente su sobria y austera cabaña de madera.
Olaf seguía las enseñanzas del libro sagrado, por tanto confiaba en que la pereza era uno de los pecados capitales. Olaf, por eso, no dejaba dormir a sus hijos más de lo necesario y ni bien se levantaba, lo primero que hacía era despertar a Johan, el primogénito, de doce años, a su hermano Thomas de nueve años y a la pequeña Anna de tan sólo cinco años.
Para cuando se asomaba el cantar del gallo, la mujer de Olaf ya se encontraba trabajando en la huerta, en la cocina o asistiendo a misa si era domingo.
La primer tarea del día de Olaf consistía en arar su porción de tierra junto a sus hijos varones en un viejo tractor desprovisto de cubiertas (esta era una medida de precaución que impedía cualquier intento de escape de la aldea); mientras que a su hijita le encomendaba el darle de comer a las gallinas y a los cerdos. La pequeña Anna se divertía pateando alguna que otra gallina o corriendo atrás de algún chanchito, ambas actitudes reprobadas por su madre que con una certera cachetada la volvía de lleno a su trabajo.
Luego de unas horas de trabajo, Olaf despedía a sus hijos para que éstos marchasen a la escuela para aprender únicamente las enseñanzas de la Biblia. Claro que aprender se traducía en recitar repetidas veces y en voz alta la palabra sagrada en un antiguo idioma ininteligible para los niños.
Olaf no se quejaba, Olaf aprendió igual, desde chico entendió que debía escuchar sordamente la palabra de dios en boca de los pastores y acatar silencioso sus dictámenes y demandas para alcanzar así la salvación.
Pero Olaf con los años había adquirido sus dudas, desconfiaba un poco de las órdenes castradoras de los añejos pastores. A Olaf lo atormentaban estas cuestiones.
Un viajero errante que cayó de improviso a la aldea le hizo abrir por completo los ojos y destapar sus oídos cubiertos de esa cera divina emanada por los profetas de su aldea. Aquel extranjero trajo consigo el Nuevo Mundo y Olaf quedó deslumbrado.
Olaf con una curiosidad de niño se asombró y se deleitó con los artilugios de aquel mago de ciudad. En su aldea estaban prohibidos todo tipo de aparatos eléctricos, forjados de la sangre misma del Diablo. Pero Olaf no creyó que aquel hombre fuera el mismo Diablo como querían hacerle creer los pastores mientras pastaban tabaco en ese tugurio sagrado, llamado capilla.
Olaf vio en el extranjero un igual e intentó fervientemente comunicarse con él, a diferencia del resto de los habitantes de la aldea que lo miraban receloso y no se atrevían a dirigirle la palabra, se limitaban a observarlo como gatos al acecho que desde sus casas de madera iluminadas por el calor de las velas esperaban el momento oportuno para dar su zarpazo.
A Olaf lo sedujo el encanto del Diablo como más tarde explicarían sus coterráneos detractores y se entregó a aquella danza eléctrica, a un vaivén místico producto del verdadero asombro que significó el encuentro con ese ser extraterrestre.
Olaf recibió al extranjero en su casa y aquella fue la primera vez que escuchó música. El hombre le mostró un aparatito con una pequeña antena e hizo girar una de sus rueditas, de repente algunas melodías empezaron a surgir en zumbidos breves desde el parlante. Pronto logró sintonizar cierta música que hizo que Olaf, como hechizado, empezara a mover sus pies y encontrarse balanceándose al compás de aquello que el extranjero llamaba música. Olaf sólo conocía las monótonas armonías vocales entonadas por su iglesia en odas a Dios por lo que ahora estaba encantado por melodías totalmente nuevas e impresionantes.
Sus hijos se acercaron a la cocina para encontrarlo bailando junto al hombre al que los hijos de los demás llamaban demonio. Tímidamente se aproximaron hacia ellos, eclipsados de rubor hasta la médula. La pequeña Anna, imitando a su padre, se animó a mecer su cabeza al son de la música. El extranjero tomó su mano y la sacó a bailar, dando vueltas por el salón. Johan y Thomas aprovecharon la distracción de los adultos y se volcaron a analizar con intensa curiosidad esa máquina que producía sonidos. Olaf contempló a sus hijos y a si mismo, todos radiantes de felicidad. Olaf giraba al sonar de trompetas de swing cuando sus ojos se encontraron con los de su esposa al umbral de la puerta, ésta le lanzó una mirada desaprobatoria y llamó rápidamente a sus hijos. Escupió al piso y maldijo en nombre del señor. Olaf se lamentó de la adoración ciega que su esposa rendía a esos falsos predicadores, a esos bocones en nombre de dios que buscaban la adulación de la aldea. El extranjero creyó conveniente partir esa misma noche, sintiendo que aquel lugar no le correspondía y que él no correspondía a aquel lugar. Olaf con tristeza lo vio partir.
Olaf ya no era Olaf, al menos el viejo Olaf; su fe ciega se había resquebrajado y decidió escapar a un destino impuesto. Una semana estuvo meditando en silencio qué hacer y cuando partir. Siete días deliberó sobre que era lo mejor para su familia.
Finalmente, una noche, tomó a sus hijos y llamó a su esposa; ésta en principio se mostró reticente pero al vislumbrar la firmeza de voluntad de su marido confió ciegamente en él. Olaf y su familia se encaminaron en plena oscuridad hacia el sendero de tierra que despedía a la aldea, que nacía en los confines de aquel supuesto paraíso terrenal y moría en aquel lugar del cual el extranjero provenía y llamaba ciudad.

Elugo

domingo, 20 de noviembre de 2011

BREVE RESEÑA

Porque con sigilo la sombra
de la muerte aparece así
de repente
Porque eran cálidas las tardes de otoño
Cuando el jugo de las mandarinas
Chorreaba por mi boca
¡Corazón no dejes de latir!
Porque amé y fui amada, reí
Bailé, todo sin tiempo
Porque fui humilde
Noble
Sin sombras ni dobleces
Cuando fui amiga
¡Corazón no dejes de latir!
Porque, hijos míos
Mi corazón se va fuera de mi cuerpo
y los persigue, los persigue
¡Ay, corazón no dejes de latir!


                                                                                                                          Avellaneda

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cine

ahí está la pantalla. acá estoy yo.
el movimiento es de las dos.
el tiempo es de las dos; el mío oscuro. el suyo es de la luz.
la luz con el sonido y conmigo. somos tres.
trío de sensaciones. entrevero.
placer porque hay un tiempo y un espacio que pueden ser eternos. o parece.
lo que parece y es, me moviliza.
soy cuerpo en movimiento. ella también.
afuera, adentro, amor, ojos, morada.
el cine es mi morada de amoríos.
amor y fantasía. entrevero.

                                              La Gata Flora

viernes, 18 de noviembre de 2011

“EL ESPECTACULO NO CONDUCE A NINGUNA PARTE SALVO A SI MISMO” *

Pasados algún tiempo de la disolución de la Unión Soviética, a la hora de comparar la realidad de la nueva Rusia con la vieja URSS se volvió muy popular entre sus habitantes una frase que decía: “Todo lo que los comunistas nos dijeron sobre el socialismo era mentira, pero todo lo que nos dijeron sobre el capitalismo era verdad”. Aquella expresión que hacía referencia a la desocupación y la pobreza que no habían desaparecido con el capitalismo, hoy puede sonar premonitoria.

Previo al Mayo del 68, los situacionistas apuntaban que no era necesario argumentar en contra el capitalismo, sino que bastaba con explicar su lógica para darse cuenta de cuán perverso era su funcionamiento. Seguramente, aquellos muchachos nunca imaginaron que tal andamiaje podía quedar tan obscenamente al descubierto como ha sucedido en esta última semana, cuando pudimos ver sin velos ni artimañas quiénes tienen -en este momento- el verdadero control del sistema. Los mercados y su nerviosismo, o mejor dicho, los bancos -y sus secuaces- y su afán por hacer dinero solo con el dinero han hecho caer dos primeros ministros, que aunque no fuesen de nuestra simpatía, habían sido votados en elecciones democráticas. Es verdad que hay presupuestos inflados, despilfarro, mentiras en las cuentas públicas y pérdidas de mayorías parlamentarias. Sin embargo todas esas cosas también han existido antes y no con este desenlace. Aquí lo realmente nuevo es que cada decisión que toman los mandamases de la Unión Europea no obedece al mandato de sus ciudadanos, ni  de los trabajadores, ni siquiera de las cámaras empresariales y por supuesto tampoco de los partidos políticos; más bien lo contrario. Cada decisión debe contar con el beneplácito de esa entelequia que son “los mercados”, algo que no suena muy democrático.
La crisis europea puede parecerse en algunos aspectos a la que varios países latinoamericanos atravesaron en las décadas del ‘80 y el ‘90. Corridas bancarias, aumento del riesgo país (y por tanto de la tasa de interés a pagar por la deuda), default, ajuste y flexibilización laboral son términos que ya se escribieron una y otra vez en los periódicos de todo Latinoamérica y hoy ocupan lugar en los medios del viejo mundo. Sin embargo, la crisis europea deja al desnudo, como nunca, la lucha por el predominio entre el poder económico y el poder político. Este último, de rango nacional o apenas supranacional, amenaza con regulación y debe rendir cuentas -tarde o temprano- a los ciudadanos mediante el voto. Mientras que el poder económico, cada vez más prepotente y cínico, con jurisdicción global, extorsiona de forma explícita con la rebaja de calificación y la especulación. Claro, cuando vamos a las urnas no hay ninguna hoja donde podamos votar para elegir quién dirige los bancos o las calificadoras de riesgo. El pavoroso miedo que los sistemas políticos sufren ante el chantaje especulativo  promete cambiar de signo a varios de los gobiernos en los países europeos, aunque no todos con el mismo sentido.
Pese a que la coyuntura parece necesitar más poder político que ortodoxia económica, tanto Grecia como Italia apuestan a tecnócratas en su afán por “calmar los mercados”. Entonces, parafraseando a Paul Valéry, todo el tema se reduce a esta pregunta: ¿pueden los neoliberales dominar lo que el neoliberalismo ha creado?

* Deborad, Guy. La Société du spectacle; Paris, editorial Buhet-Chastel, 1967.

Miguel Sanecasse

jueves, 17 de noviembre de 2011

Garrapiñero

Paso a paso voy observando cómo un pie adelanta y el otro acata, uno tira pa delante, el otro lo sigue. Camino feliz por 18 de julio en la ciudad del general L.Gomez, la gloriosa Paysandú, pueblo de ratas, víboras y Milton Wynants. Contradiciendo la frase del celebre escritor oriental “Manso Sosa” diré yo “ésto sí viene al caso”. Resulta que yo tenia la firma de tío Milton, él fue a mi escuela por el 2000, ese día fue lo mas parecido a un triunfo, logre tocar su silver medall y sentí ser el mismísimo personaje, aunque no sería hasta años más tarde que tendría sus garabatos.
Al proseguir con mi relato me entran en la cabeza consideraciones morales muy importantes y me doy cuenta que no debería contar esta anécdota por la pura salud de imagen de tío Milton, pero que más da, una mancha más al gato montes no lo transforma en dálmata. Yo, como otros tantos ratas de chico, me acuñe bajo la celebre frase “de arriba un rayo” y chocho andaba por la vida con ella, será tanto que me hice de la juventud macdonaldiana, no recuerdo bien que beneficios me trajo ser aliado de don Ronald pero creo que todos los meses nos invitaban al pelotero y nos regalaban caramelos, no sin antes adoctrinarnos en la fe Ronald. Un precioso día de primavera, de un año posterior al 2000 mientras cantábamos “Yo, Ronald y el mundo feliz”, por demás un jingle muy bueno que habla de la hermandad y el compañerismo, fue que divisé a lo lejos a tío Milton con dos Combo 1 recargados. Este miró para un lado, luego para el otro y un poco más para todos lados hasta que se sintió seguro de los ojos curiosos de los sanduceros y se sentó a degustar su burgy. Preso de un impulso, capturado por Don Espontaneidad abandoné mi posición original y decidí encararlo, esta vez sí que no me iba a perder la oportunidad de tener su preciada firma. “tío Milton, soy yo tito, de Mafalda te acordas?”, él me miró, me volvió a mirar, sonrió un tanto asustado pero con una cintura digna del Negro Jefe me acaricio la cabeza y fue a emitir sonido, pero no lo dejé, le tiré la posta “Milton sos un grande, dame tu firma”, le arrimé una servilleta, extrajo una de sus tantas lapiceras y metió el sarpazo, estampó sus caracteres. Yo me ruborice mucho pero no se notó, porque soy pardito de nacimiento, y en la primavera se me acentúa. Todo era un delirio de colores, me elevé, sentí que era una especie de súper hombre, tocaba el cielo con las manos, cuando de repente otra fue la mano que me bajó a tierra, que me mostró la cruda realidad del mundo. Ante mí tenía la cara de un choborra mal oliente, desprolijo, mal afeitado y con una cara de lija que no queda nadie, era el hijo de su madre del garrapiñero muy mal disfrazado de Ronald, y no solo eso, se le notaba una visible abstinencia que lo traía de un pésimo humor “vos violaste los estatutos donald, ahora tenés que pagar”, me decía, mientras me extendía una cajita de zapatos. Curioso como soy la abrí de wanda, que mierda, pensé, estaba llena de bolsitas de garrapiñada, levante la vista y lo miré con mi mejor cara, el me miró maliciosamente y me dijo “ah vivito, te jodiste ahora empeza a soplar”
                                                                                      
                                                                                                              tito

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La vida del alto (Parte 1)

No es fácil ser alto, alguno dirá peor es ser bajo o ser gordo, se equivoca mi amigo. Los gordos tienen un gremio, pelean por sus derechos, exigen que se venda ropa para gordos en todos lados, lograron que se les reconozca como la gordura como enfermedad y hasta tienen programas de televisión para gordos y encima lo de ellos tiene solución, la bendita dieta. 
Sin embargo los altos no tenemos nada de eso, nos discriminan y nadie dice nada, o alguna vez escucharon a un alto quejándose porque en los bondi de cutcsa uno tiene que viajar con las rodillas abajo de la pera y ni te digo si te toca el asiento contra la mampara en el agencia central, 4 horitas con las patitas arrolladas. Tenés que ir de costado, vas a dormir a casa ajena, a un hotel o vas a un motel (no la pongo nunca igual) y te quedan las patitas afuera de la cama, ponéle que en verano está todo bien, hace calor, todo lindo, pero anda a dormir en pleno invierno con las patas afuera de la cama hijo de puta, ¿sabes el frío que te da? Y sin embargo si un gordito no entra en el ómnibus ¡pimba! la gente dice que los discriminan y "qué horrible pobre gente" y a nosotros ni siquiera nos dan un alfajor extra en copay como compensación a una total injusticia. 
Una vez fui al velorio de un tipo que era alto como yo, había dos cajones, la gente preguntaba si el de al lado era el del hijo o algo pero no, eran las piernas del hombre. 
Aparte de todo tenes que soportar a las viejas llena bolas que te ven y empiezan con las preguntas: ¿jugás al basketball? ¿Y por qué no jugas con esa altura? Tendrías que aprovechar la altura, o sino te dicen "ahhh que alto que estas no paras de crecer" No doña, tengo 22 años y estoy pegando el estirón. 
En la escuela es un calvario, los niños no sólo que son unos hijos de puta sino que para hacer maldades tienen una cabeza privilegiada, y te hacen sentir una mierda, al ya conocido chiste de "che jirafa, ta frío allá arriba", siempre te ponen último en la fila y cuando haces una cagada nunca pasas desapercibido. Pero bueno, ser alto también tiene sus beneficios, pero eso viene en la segunda parte...


El Manso Sosa

martes, 15 de noviembre de 2011

La Aguja de la Mariposa



La aguja de la mariposa no es piadosa

Punzante y certera,

sobre venas de sangre caliente se posa

Para vaciarlas de todo aquello,

que en el cuerpo y el alma goza




Quien escribe, Elugo, invita a ustedes amables lectores a convertirse en espectadores el día JUEVES 17 de Noviembre a las 21.30 hs. SALA ECU POCITOS (Chucarro 1036) en lo que será el estreno mundial de mi primer obra cinematográfica apodada "La Aguja de la Mariposa".


También se proyectarán otros cortos de mi generación... estáis todos invitados!!!


Elugo

domingo, 13 de noviembre de 2011

El hombre de los jabones

No recuerdo bien cuando comenzó mi interés por los jabones.
Algunos me comentaron que ya desde chico demostraba fascinación por los objetos resbaladizos.
Recuerdo perfectamente mi primera experiencia físico-visual en el arte del jabón.
Algunos dirán que no es un arte, pero hay tanto arte que pretende serlo y se autodenomina arte que una mancha más en la historia no creo que provoque el Apocalipsis, aunque a veces pienso que es mejor que se llame chorizo de rueda y no arte.
Mi primer experiencia data de mis épocas de jardín, extravagantes tiempos si los hubieron.
Siempre una chica en el medio, siempre el mismo problema. Mayra se llamaba, esta última palabra termina en aba porque no sé que es de la vida de ella. Tengo una leve teoría pero es sólo una teoría. Más tarde la contaré, o no.
Mayra era mi amor infante, pero como todo amor infante, en realidad como todo amor yo no era ni su amor y menos su amor infante y menos que menos su infante, aunque me haya ofrecido más de lo necesario para serlo.
Ella estaba enamorada del chico popular , Carlitos (es un nombre raro para un chico popular, actualmente sería candidato fácil para la agarrada de cande (término usado para expresar la agarrada de punto de una persona hacia otra: Cande: Caramelo masticable, de aquí viene la frase, uno mastica, mastica y mastica durante mucho tiempo y no lo termina (con el tema de los paréntesis veré como cerrar, son demasiados))) jugaba bien al futbol, hacía las mejores piezas de plasticina, dormía con la maestra en los campamentos, su mundo era el deseado por todos, no podíamos envidiarlo porque no había tiempo.
Quiero hacer un paréntesis en el ítem “dormía con la maestra”, el problema más grande aquí era que el resto de los niños o sea todos menos Carlitos, nos orinábamos  y teníamos  que dormir toda la noche con el charco de orina propia, sin embargo Carlitos, que también se orinaba, tuvo siempre una cambiadora particular, esto ayudó a su precocidad, su primera relación sexual fue con la Maestra Silvia, difícil pensar en el progreso social sexual cuando el adinerado sexual es una persona precoz, situación complicada.
Se orinaba y aparecía manoseo en las partes bajas, si bien para la maestra no significaba nada, para Carlitos era un acontecimiento y para todos nosotros sus lacayos mucho más que un acontecimiento, la firma de nuestra carta de esclavitud.
Carlitos nos brindaba todo, imposible odiarlo. Pero me rebelé, no lo soporté más.
Fue en el campamento de fin de año, como siempre él durmiendo con la maestra.
Nos tocaba bañarnos, la vida me puso en ese lugar porque mi misión era totalmente clara. Mismas duchas, mismo lugar.
Jabón en mano, agua caliente encendida, sin ropa interior, situación perfecta.
Mi mano, sin esperar indicaciones, lanza el jabón a centímetros de los pies de Carlitos, esperando a que pique como lo hacen las lombrices muertas en el anzuelo de la caña. Me enjabono mi cabeza con shampoo, no soy fan del shampoo, las lombrices si.
Al fin Carlitos se agacha a recoger el objeto, no de la manera como me hubiera gustado, me queda incómodo. Me alcanza el jabón con una ingenuidad que da escalofríos, como todo líder, a su inteligencia la pongo en duda.
Así narrado parecería como si fuera un perverso abusador de menores, pero en esa época era muy chico, era de la misma edad que mi enemigo, por lo tanto vale.
Vuelvo a intentar, esta vez con más clase que antes. Esta vez picó. Su cintura realiza un despliegue hacia el suelo con el objetivo de tomar nuevamente el jabón para alcanzármelo solidariamente.
Aquí empezó su decadencia, mientras él comenzaba a perder todo su imperio construido a base de talento o suerte yo comencé a perfeccionar mi arte, conocí mi vocación y empecé a hacer dinero, si así como lo leen, mi carrera comenzó a los 12 años, luego de un par de años de entrenamiento. Los primeros trabajos fueron cosas pequeñas, del tipo “mirá necesitamos un par de jabones en el vestuario del mirador rosado que hoy vienen unos contratistas” (El mirador rosado es un cuadro de baby futbol). Al principio mi cachet eran caramelos, a medida que fui creciendo y los trabajos se tornaron más difíciles comencé a pedir dinero.
Sin ir más lejos mis últimos trabajos de cierta manera se encontraban relacionados entre sí, las víctimas todos líderes de algo, los que me contrataban solamente pretendían que la situación de sus víctimas se tornara confusa del orden de “Mira Vanesa no estoy seguro de que es lo que quiero” o del tipo “Nada, simplemente estoy abierto a cosas nuevas” frase complicada si las habrá, a ¿qué se refieren con cosas nuevas? Se me vienen a la mente demasiadas cosas nuevas en la que caballos y vacas son las primeras opciones.
En cuanto a Carlitos, lo último que se de él es que abrió un local nuevo en el que hace de dueño, empleado, administrativo y todo lo que una empresa seria como la suya tiene que tener. “El Canapé de carne alegre” se llama el local si mi memoria no me falla.

Mayra: te sigo buscando, no sé para que pero te sigo esperando, tu historia prefiero guardármela.

El Bigote Castro

sábado, 12 de noviembre de 2011

balbuceo nocturno

yo no sé si viene con la madurez
esta necesidad del encierro
una gota seca en la lucha feroz
contra la gimnasia del amor

la luz no tratará de serme fiel
tengo una fruta y tres dedos gordos
fruta indicada tratando de jugar
extremada la orquídea rememorando pólipos

dromedario salvaje asiente poco
al máximo aluvión muy tremebundo
ya no puedo pensar
no pretendo grupete
ser granada ser tres dos - una equis es todo-
y gritarte cereza

desiste la palabra tregua incierta
flash sumiso desiste grande y traga
tugurio umbrío pasando las redes
frenesí lapislázuli
arraso wet profundo casi casi

después la calma despedida
ahora se despereza como un hijo
anterior, trágico y desmedido
portero de esa excelsa gruta fría


                                 La Gata Flora

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cuando cocino arroz

 abro la canilla y espero hasta que empiece a salir el agua caliente. a mi lado en el fuego está el arroz fritándose en aceite, esperando el agua para cocinarse, cada una taza de arroz dos de agua cada dos tazas de arroz cuatro de agua, repito en silencio. mi prima está a mi costado, cortando el tomate y la lechuga, cuando de repente acerca el cuchillo hacia el chorro de agua caliente para limpiarlo y lo aleja en seguida. Claro, el agua está caliente, me dice, por eso el cuchillo se limpió tan rápido. sus palabras son como una llave para mi pensamiento, en verdad es un fenómeno fantástico el porque de que el agua caliente limpie mejor la suciedad que el agua fría. nunca nadie ha podido desentrañarlo. Ha de ser, le digo, por la disposición de los átomos del agua. intento desarrollarlo, El agua caliente, al acercarse a su punto de ebullición, genera que sus moléculas se separen y sus enlaces se vuelvan más inestables (uso las palabras con total irresponsabilidad, mis conocimientos de química son casi nulos, se podría decir se estancaron en cuarto año de liceo, sin embargo siento al usarlas una voluptuosidad similar a la de tirar una rabona o un caño en un match de fútbol). Mi tesis, continúo, consiste en pensar que el agua caliente es más efectiva para limpiar la suciedad por su disposición atómica, por estar más cerca del paso del agua al estado gaseoso. pero mi cabeza sigue pensando, cuántos mundos hay dentro de una gota de agua, vemos el mundo y los objetos siempre a la distancia establecida por nuestros ojos, por el límite de la mirada, mis manos son mis manos desde donde las miro, si me acercase más, con la potencia de un microscopio, vería entonces un desorden de células o átomos luchando por mantenerse unidos, el orden es nada más que una cuestión de perspectiva, y es que acaso no tendemos siempre a uniformizar lo heterogéneo, y lo más importante de todo es que nunca, por ningún medio
 Puta madre, digo en voz alta, me olvidé cuantas tazas de agua iba.
 Aaaaaa, mi prima se ríe, a mí me pasa todo el tiempo.

                                                                              Seoane

jueves, 10 de noviembre de 2011

Kuit Imbert

 no podía dejar de escuchar cualquier tipo de conversación, el sonido no me preguntaba, simplemente entraba por la ventana cual atrevido que se arrima al baño de damas. entonces yo, el mas vivo de los Imbert, una familia de vivos si los hay, me tome el atrevimiento de salir a la calle y pedirle al señor de cabellos largos que hiciera un poco de silencio, éste me miro sin muchas migas, sin mucha expresión en el rostro, me siguió mirando y no me dijo nada, no lo entendí, en mis pagos siempre hablamos de mas, puedo decir que lo que nos faltaba eran silencios y no palabras, pero en definitiva, como decía una maestra de la escuela, "puede y debe rendir mas", puedo citar tal vez también el famoso chiste de que empieza empieza con e y termina con t, de hecho ya lo hice, lo cite, jajaja, y así acelerado como moto grande, moto de macho, así venia el relato de un paisano viejo que entonaba con su guitarra la canción de don Alfredo "que pa la trilla hay que madrugar... ando muy mal comido y si tomo un vino me da por pelear" pero si será pilla la vida que lo que hoy fue mañana también y así de apoco me pegué a una botella, y nunca más pude salir, y cuando el final se aproximaba la pausa, lejos de ser eterna como cuentan los fantásticos libros rusos, fue efímera y tan corta que no me dio ni cuentas de mi vida, que gran patraña eso de morir viviendo la vida, si andarán de esas leyendas turbias, que no hacen más que minar el corazón de un hombre, llevarlo a los pagos de la soledad, a los pagos de lo no eterno, a los pagos de los átomos, de la muerte, de la locura, de los Imbert, familia de vivos si los hay.
 Miraba firme a su abuelo su preciosa nieta, el movía y movía la boca, no se detenía, parecía que quería contar algo pero no se podía escucharlo, ella le sonreía y con eso le bastaba al viejo Kuit para seguir con su eterno cuento de una vida, y pensaba la chiquilla que un muchachote de ojos bien grandes la había invitado a salir, se ruborizo de solo pensarlo, y no faltó que la moral le dijera que era una pervertida, por suerte gurisa con cabeza sana era la nieta de don Kuit "ni a las malas ni a las buenas preso no me han de llevar dijo prudencio correa", el doctor les dijo a los familiares que era buena idea ponerle música, su nieta le llevo algo de Alfredo.

                                                                                                       Tito

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Persevera y triunfarás

No recuerdo con exactitud, pero creo que nunca aprendí a dividir o por lo menos hoy en día no puedo dividir si no es con una calculadora o si es alguna cuenta media fácil. Las maestras siempre me decían aquel dicho de “persevera y triunfarás”, el cual es una de las más grandes mentiras del mundo, al igual que “todos los niños son lindos”. No todos los niños son lindos, yo conocí uno que en vez de parirlo parecía que lo habían vomitado pobre botija, era feo, muy feo, cuando le sacaban fotos abrían la cámara de gusto así se velaban las fotos y salía todo blanco, pero no viene al caso.
Miren que a lo largo de mi vida yo perseveré y perseveré pero nunca triunfé, es mas, siempre se daban los mismo resultados, el destino me daba un no como respuesta.
A la edad de 10 u 11 años conocí a mi primer amor, ella era preciosa, no se podía decir lo mismo de mí que tenía que usar lentes, en la escuela usar lentes era lo peor que te podía pasar y no conforme con eso mis padres me pusieron los famosos “culo de botella”. Hoy en día me doy cuenta de lo hijos de puta que fueron conmigo, me habrán dado muchas cosas y les agradezco pero nunca les voy a perdonar esos “culos de botella” que tuve que llevar por años. No sólo eran feos sino que eran pesados también, hasta que no me los saqué nunca entendí la expresión de “andar con la frente en alto”, las maestras me preguntaban que andaba buscando continuamente, que andaba mirando para abajo, nunca entendieron que el peso de los lentes inclinaba mi cabecita para abajo. El tema es que con ese primer amor perseveré, le escribí cartitas, poemas, dibujitos de corazones, todo lo que estaba a mi alcance lo hice, pero no dio resultado. La muy puta se arregló con el rugbier de la clase (ya desde ese entonces los rugbier pegaban minas), el galán de la clase, era un cataco señores, media 1.25 cms pero en fin, ella lo eligió a él. Yo en realidad era amigo de él, pero yo era el amigo que siempre le salía todo mal y a él todo bien. En la obra de fin de año en 6° de escuela el protagónico de la princesa se lo dieron a mi amor imposible y el príncipe, papel por el cual luché con uñas y dientes, me preparé para el “casting” de ese papel, me leí toda la obra, lo ensayé miles de veces, ¿adivinen a quien le dieron el papel? Si al hijo de puta ese, pero lo peor no es eso, sino lo que me dijo la maestra cuando me vio mal por no haber conseguido el papel: “no te preocupes para vos también tenemos un papel importantísimo”. Terminé abriendo y cerrando el telón.
También en la escuela viví un claro caso de “por más que perseveres “cuando no se tiene, no se tiene”. Durante meses intenté entrar al coro, me parecía algo sumamente divertido por el tema de los viajes y los encuentros con otros coros del país. Un miércoles fui a clase de coro y le dije a la profesora que quería entrar, me audicionó pero no tuve éxito de ningún tipo, me dijo que tenía un voz muy bonita pero no era lo que el coro precisaba en ese momento, vale aclarar que siempre fui medio ronco, no tanto como el Coco Basile pero ronco en fin. Al miércoles siguiente fui nuevamente a la audición de coro, por supuesto que tampoco quedé, y seguí yendo miércoles tras miércoles, seguía los consejos que la profesora me daba tales como comer miel, hacer gárgaras con salmuera, vocalizar; pero no quedaba ni de suerte en el coro. Si sería malo que un día por cansancio decidieron darme el toc toc, pero de cantar ni hablamos, igual fui una semana y me aburrí, no fui más después. 
De grande también fui un gran perseverante, tan perseverante que eso hasta me trajo problemas judiciales después de que una vecina me denunciara por acoso, pasa que yo le manifestaba mi amor de diferentes formas, le colgaba pasacalles, le grafitié la pared de la casa diciéndole que le la amaba, la “acompañaba a todos lados” y ella no me comprendía.
Se podría decir que soy un incomprendido social, lo mismo decían de Picasso, un artista incomprendido al igual que yo, también tuve mi época de artista, pero prefiero no hablar de eso después de los 15 fustazos que me propino mi progenitor cuando dije que quería ser artista. El tema es que no es fácil nacer en una familia de clase media, pero eso queda para otro día.

El Manso Sosa

martes, 8 de noviembre de 2011

Día D de Darío

Darío, un diminuto y dócil desdichado, daría todo de lo que disponía para detener su desgraciado destino. Debía dormir durante el día, desplegando el diámetro de su silueta durmiente sobre un damero de dados. Danzar, descansar y distenderse no eran su deber diurno.
Durante la disipación del día, se dedicaba a discernir y discutir con sus demonios. Diablos que le dictaban sus deseos, distinguían sus deberes y deshacían los dilemas que le dolían.
Los dedos diabólicos demarcaron el “Día D” de Darío. Durante diciembre se le dificultó el dormir dulcemente, debido al desgastante desmenuzamiento de sus dilemas de desahuciado. Debía drogarse para descansar el desgraciado.
“¡Diantres!” decía “Si no me dedico a lo que debo, determinaré mi desdicha”. Dadas sus decisiones diletantes, se dedicó a divertirse en los días que derivaron después. Difícilmente pudo distenderse durante más de dos días. Darío desacató las demandas de sus dioses y fue duramente docilizado. Los dedos dorados de los diablos diezmaron sus dientes. El desdentado Darío ya no debería desacatar demandas divinas, ni degustar duraznos, dátiles y demás delicias.
Dudó pero descartó sus dilemas. Debía derramar la sangre de los dueños de su destino, desarmar a sus detractores o disparar sobre docenas de dolientes deudores que debían al Diablo sus dones de desperdicio.
¿Desde donde disparar? Duró un día en descubrir la distancia del disparo. Fue directamente a la “Dulcería de Dante”. Desde allí podría disparar derecho y dar en el destino deseado. Disociado de su realidad, dañó su abdomen con sus dedos, se discernía despojado de dicha. Dudaba de su destino dictado. Decidió no dormir durante el día y despertarse.
Danzó dichoso dando sus dientes a los deudores. Con los dientes de Darío desaparecieron sus deudas. El diezmo al Diablo ya no debía darse.
Don Dionisio donó sus delicias y los deudores danzaron dichosamente dedicando su danza a Darío.
Desde la distancia y con dulzura Darío desplegaba su dorso desdentado digno de un dandy danés.
Se desató una dura disputa entre demonios y deudores. Darío fue delegado “Duque de los deudores” y dignamente desafió al Diablo a un duelo.
A las doce del día, dos disparos se distinguieron. El duelo derivó en desorden. Decenas de deudores y demonios se disiparon por doquier, deseaban descubrir al derrocado difunto.
Duro fue el descubrimiento, Darío descansaba deceso sobre el damero, sus dedos desparramados desordenadamente, dos disparos en su deshecho dorso derecho.
Diez deudores descendieron a Darío, las demás docenas desdeñaron al diablo, deseando su desaparición. Deseos distantes, los demonios danzaron, debían los deudores dedicar sus días a diezmar sus deudas con el Diablo. El desdichado Darío descansa ahora diez decímetros debajo del damero.  
Elugo

lunes, 7 de noviembre de 2011

Cotidiano

Ella aprendió a decir sus primeras palabras a los 3 años.
Cuando tenía 10,  aprendió a quejarse.

Se quejaba porque tenía muchos deberes.
Se quejaba porque no quería ir a la escuela.
Se quejaba porque no quería ir a ingles.

Se quejaba porque no era bonita.
Se quejaba porque no le iban a hacer fiesta de 15.
Se quejaba porque no quería estudiar.
Se quejaba de sus compañeros.
Se quejaba de sus padres.

Se quejaba porque no le gustaba nada.
Se quejaba de sus amigas.
Se quejaba de que estaba pasada de peso.
Se quejaba de que no le gustaba hacer deporte.

Se quejaba de que nunca tenía tiempo para ella.
Se quejaba de su trabajo y se quejaba del dinero.
Se quejaba porque estaba soltera.
Se quejaba del paso de los años.

Se quejaba de la gente y se quejaba de lo que hacia la gente.
Se quejaba de la vida que llevaban los demás.
Se quejaba de su esposo.
Se quejaba por estar casada.
Se quejaba por no tener hijos.

Se quejaba de los hijos.
Se quejaba de estar atrapada en su propia vida.
Se quejaba porque no podía viajar.
Se quejaba porque no tenía amigas.
Se quejaba de la falta de opciones.

Se quejaba del dinero y del trabajo.
Se quejaba porque sus hijas estaban grandes.
Se quejaba de que estaba poniéndose vieja.
Se quejaba porque tendría que jubilarse.
Se quejaba de su salud.

Se quejaba de lo que habían hecho sus hijas con sus vidas.
Se quejaba porque su esposo había muerto.
Se quejaba por no tener nietos.
Se quejaba porque estaba sola.

Se quejaba por tener cáncer.
Se quejaba porque iba a morir.
Se quejaba de su suerte.

Murió a los 79 años en su cama, quejándose de dolor.



                                                                                                                              Nano

sábado, 5 de noviembre de 2011

Somnio

no me puedo dormir. no es una cosa fácil.
la noche es intensamente otra
hablo de cosas monótonas
como la cama
la heladera
la computadora
el reflejo de la portátil en el televisor
la papelera repleta de papeles de golosinas
la conciencia de un mundo por ahí
acá cerca estaban tocando capoeira en la vereda
tengo miedo de tomar mal las decisiones
pero eso no es tema para un poema

la mesa chica
la mesa un poco más grande
regalo de mi abuela
el placard
el veneno para las cucarachas
había una exactamente debajo de la cama
ágil, ágil y viva
las fotos de mis sobrinas
la tijera en el portalápices

las cosas se me parecen
no sé bien qué hacen por la noche

                                              La Gata Flora

viernes, 4 de noviembre de 2011

Atelier

                                                                                  a tito, a quien quizás le robé la idea.

 me llega un mensaje de un amigo diciendo si a las 2:30 puedo posar y enseguida le digo que sí. el taller es en maldonado esquina minas, por lo que salgo de casa a las 2 de la tarde. camino por durazno, a una altura en que la calle está rodeada a ambos lados por arboles que no dejan pasar del todo los rayos del sol. a mis pies el suelo parece un ajedrez de luz y sombra.
 a los 20 minutos de salir estoy en la puerta del taller. entro y me reciben dos hombres que juegan un ajedrez, les digo quien soy y que hago ahí, Sí, pablo, me dice uno, pasá por acá que ya vamos a empezar. la sala es un espacio integrado que da a un patio interno por el que entra la luz, con pinturas a los costados, tablas de dibujos y una silla al frente con una lámpara a su lado. me dicen que si quiero me siente, que me ponga cómodo, La clave, me dice el profesor, es adoptar una posición que te sea cómoda y que despues te sea facil retomar. la gente tarda todavía un poco en llegar, por lo que todavía no me siento, me quedo parado midiendo el espacio, los olores, las personas que ya están ahí. miro hacia mi costado y veo el retrato del amigo que me contactó, lo encuentro distinto, fijado, perturbablemente reconocible. cuando alguien me pregunta como llegué hasta el taller le respondo que soy amigo de él, lo señalo, su silencio parece confirmar lo que les digo.
 llegan el resto de las personas y me dicen, Ahora sí, empezamos. me siento en la silla, la espalda reclinada, las manos en las rodillas, y apunto mi mirada hacia un cuadro en el fondo de tonos naranjas y relieves y trazos marcados y fuertes. el cuadro es grande, por lo que clavo mis ojos en la esquina superior, justo donde dos pinceladas o surcos blancos parecen dibujar los perfiles de una pareja de hombres. un par de minutos más tarde, al frente de la pintura se sienta un viejo. está sentado de tal manera que, desde donde yo lo veo, los hombres dibujados por los trazos blancos parecen soñados por él, proyectados por él, como esos globos de las novelas gráficas que sirven para mostrar lo que los personajes estan pensando. soñaba dos hombrecitos blancos y yo estaba anclado a su sueño.
 lo primero que hacen es medir las proporciones con el pincel, lo ponen delante de sus ojos (parece como si me apuntaran) al tiempo que lo mueven de un lado a otro, de forma que el pincel queda por momentos horizontal y vertical al viento. el tiempo pasa lento, me resulta dificil dejar de moverme, particularmente las manos. siento como la presión va pasando de una a otra parte del cuerpo. nunca realmente dejamos de movernos, pienso, cuando reducimos al máximo el movimiento externo del cuerpo, nos percibimos por dentro, la actividad incesante de la sangre, las contracciones involuntarias de los músculos, la génesis del pensamiento. me observo siendo observado, soy en los ojos de los otros. en un momento un hombre de bigotes me pide que deje quieta las manos y en seguida una mujer dice, Sí, cómo se mueve. me doy cuenta de que posar no es un trabajo tan sencillo, no es ir y cobrar como yo pensaba. hago fuerza para no dormirme, presto atención a la respiración, inhalo por la nariz, exhalo por la boca, trato de imaginarme como el aire de a poco inunda cada parte de mi cuerpo. me siento como un pelotudo. varias veces la misma mujer me dice cosas como, Vos estabas mirando más hacia tu izquierda, vos tenías el menton más hacia arriba. cuando termina una de las poses, le pregunto Te estoy matando? ya no puedo evitar mostrarme enojado.
  en uno de los descansos (el trabajo consiste en cinco sesiones de 20 minutos con 10 de descanso entre medio) un hombre de bigotes le comenta algo al viejo, No sabés, le dice, el cd de tango de virgilio exposito que me compre,  yo te digo hermano, si no llorás con eso no sabés nada. me entero que virgilio y su hermano homero exposito son algo así como los hermanos wright del tango, autores de canciones tan conocidas como naranjo en flor o malena. siguen hablando un poco más, pero en seguida se cortan. ya pasaron los diez minutos.
 en las 3 horas que estoy siempre se escucha una música de fondo; en un momento un blues empieza a crecer desde alguna parte del taller. entonces en medio de una sesión se acerca el profesor y nos habla de robert johnson, un negro que tocaba tan bien el blues que motivó leyendas de caracter fáustico, que hablan de una encrucijada de caminos y de cómo a cambio de su alma el diablo le había dado el blues. Que boludo hay que ser, dice el hombre de bigotes, para venderle el alma al diablo a cambio que te enseñe a tocar la guitarra. y claro, eso genera en la clase todo tipo de comentarios.
 juntan la plata y me la dan, ya son más de las 5, me quedo para una posada más, esta vez con el profesor presente que les hace algunas correcciones, y después alguien dice, Ta, ya está, te podes ir. Si querés, me dice la mujer, a fin de año podes venir a buscar tu retrato, yo te lo regalo. Muchas gracias, le digo, capaz vengo sí. quedo un momento parado, mirando los retratos, hasta que punto ese soy yo, me pregunto, saludo a nadie y me voy. al regresar por las mismas calles siento como que me deje algo olvidado, y que no hay forma que a fin de año me lo devuelvan. cuando llegue a casa, pienso, me voy a poner a escuchar esos tangos.

                                                                                                           Seoane

jueves, 3 de noviembre de 2011

El vendedor de joyas

Se murió Steve Jobs. Frente a las numerosas preguntas que nos pueden surgir sobre este personaje, intentaré esbozar una respuesta sobre la primera y quizás más básica de las interrogantes: ¿a quién le ganó Steve Jobs?

Si bien esta simple pregunta en algunos ámbitos nos expondría a un abucheo general y a que una lluvia de artefactos blancos cayera sobre nuestras cabezas, parece el momento ideal para hacerla. Cabe aclarar que sería muy fácil poner bajo una lupa su vida personal  y señalar actitudes moralmente discutibles –¿acaso Jobs nunca estuvo en un prostíbulo?- o analizar a fondo la gestión del “capital humano” de nacionalidad China de Apple, pero de esta tarea ya se encargarán sus biógrafos, quienes en estos momentos frotan sus manos esperando invadir -acaso en un mes o… ¿ayer?-  el mundo entero con sus libros con manzanas impresas en inmaculadas tapas blancas.
Al parecer, Jobs y Steve Wozniak fundaron la empresa Apple, aunque tendremos que esperar la película sobre su vida para saber si no le robaron la idea a algún compañero de departamento o algo por el estilo. El objetivo que se plantearon era, para 1976, totalmente revolucionario: hacerle llegar a cada individuo las bondades de la informática y la tecnología; claro, en la medida que éstos pudiesen pagar por ello. A decir verdad el propósito no dista demasiado del que se propuso el popular Bill Gates cuando comenzó con su proyecto de Microsoft, pero como nos indica ese “gran sponsor que es la muerte”, éste es el momento de Steve. Más allá de algunas idas y vueltas el negocio de Apple fue meteórico, y en 2010 la empresa de la manzana obtuvo ingresos por  65.230 millones de dólares, esto es una vez y media el PBI uruguayo.
Pero en realidad Jobs no inventó ni los reproductores de música, ni las computadoras y muchísimo menos los teléfonos móviles. Además, los productos de Apple no aportan tecnológicamente nada nuevo y son bastante más caros que los de sus competidores. Sin embargo incluyen una dosis de “otros encantos” de los que ciertos consumidores han quedado cautivos. Para ejemplificar sólo basta con repasar qué marca de reproductores de MP3 usan los deportistas más famosos cuando llegan a las competencias, o qué teléfonos móviles y laptops llevan las estrellas de cine  e  incluso los políticos. Es que con una puntería envidiable Jobs disparó productos a un sector específico del mercado: narcisista, de buen poder adquisitivo y con “necesidades” tecnológico-estéticas insatisfechas.
Si bien la convicción de que el diseño y la estética puede estar presente en todos los artículos y objetos con los que convivimos estaba en la génesis del movimiento moderno de principios del siglo XIX -y esto tampoco sería una invención de Jobs-, aprovechando las bondades de la economía global él supo inyectarle a ese antiguo cóctel una buena dosis de alquimia consumista. 
De la misma manera que muchas de las joyas originariamente tenían carácter meramente funcional, estas computadoras, reproductores de música o teléfonos fueron posteriormente convertidos en objetos cada vez más decorativos, donde lo ornamental y simbólico comenzó a prevalecer sobre la función. Con la delgadez y la redondez como valores estéticos, el plástico blanco como material precioso y las manzanas luminosas como verdaderas gemas, el señor Jobs acuñó cada uno de sus diseños sabiendo exactamente lo que esas joyas podía simbolizar para sus compradores: la pertenencia a un grupo o a un estatus, como lo han hecho los amuletos, las joyas o los automóviles desde hace tiempo. Esta capacidad para tomarle el pulso a uno de los sectores de consumo global con más influencia y poder le redituó una fortuna personal valuada en 6500 millones de dólares. 
El fanatismo y la adulación presente en la cobertura mediática que la muerte de Jobs desató son exagerados, están bastante más allá de sus propios logros y nos hace pensar que lo que fabrica Apple es algo más que objetos. Lamentablemente no es así. La adhesión a las marcas, como verdaderas religiones, es uno de los rasgos más influyente que la cultura norteamericana ha exportado a todo el mundo desde fines de la década de 1940. En las últimas semanas miles de perfiles en las redes sociales cambiaron sus fotos por la del recientemente fallecido y sus frases, a veces arrancadas de su contexto, se nos presentaron como mandamientos mesiánicos incuestionables del mundo en que vivimos. Una de las pocas invenciones genuinas de Apple es que sus productos -o la gran mayoría de ellos- no vienen acompañados de instructivos, sobrentendiendo una complicidad con sus consumidores y dando un guiño de bienvenida al club. Pero lo que tampoco nos advierten estas joyas tecnológicas, ni el señor que nos las vende, es que lo que poseemos en buena medida nos posee a nosotros. Porque como advierten algunas filosofías milenarias, las cosas que tenemos nos demandan un vínculo recíproco y por ende ellas también nos tienen a nosotros, y a cambio de esto ni siquiera nos aseguran la felicidad.  
                                                                                    Miguel Sanecasse

(tito cede su jueves no por falta de elementos literarios sino por el aprecio a un amigo de la casa como es Miguel, quien dejara el nombre de este blog donde se lo merece(?)).