miércoles, 31 de agosto de 2011

Lo que nos dejaron los milicos


a Juan María Bordaberry y Gregorio Conrado Alvarez, esos incomprendidos

Me ha costado trabajo dormir en los últimos días.  Volvia del cumpleaños de lisa cuando revisé este blog y me enfrente a lo Inesperado. Debajo del relato “cosas como moscas” (del que existen datos concluyentes que afirman soy el autor) aguardaba un espacio que decía 5 comentarios[1]. La verdad es que me había acostumbrado al 0 como uno se acostumbra al Destino, a un formato, a la forma redonda de las verrugas. No estaba preparado. 5 lunas en un cielo fijo de luna nueva.
Paso ahora a transcribirlos para el lector incrédulo o para el lector medio pelotudo al que le es imposible corroborarlo por si mismo:

Hermoso, Seoane. Pienso en una frase de una banda llamada La Chicana, que dice "Y dios que miraba el mundo con los ojos de los perros, hambrientos, reos y ariscos que husmean por este puerto."

Hay una rara mezcla de realidades en esta historia: primero camina entre los tambores, luego escribe en su casa y luego camina entre los tambores de nuevo, al final. La verdad, me sumergiste en cierta atmósfera, en tu atmósfera.

Te superas a cada paso escrito pebete! seguí así, te lo dice Augusto!

O estos otros dos, que aunque barrocos en su construcción, logran, creo vislumbrar, su intención laudatoria.

                    muy bueno che la verdad que muy bueno
                    salud
                    
                    muy bueno! me encanto.

Gracias, a todos los que me conocen.
Cuenta Neruda en su libro de memorias “Confieso que he vivido” (al que no tengo ahora acceso, lo presté y no ha vuelto, por lo que tendré que parafrasearlo) una experiencia en la que bajándose de un avión lo aguardaba en el aeropuerto una multitud enorme, contada por millones (algo así como el desembarco de los beatles). Ante el pedido de ésta, el vate chileno accedió a leer algo de su literatura.  Una experiencia como ésta, reflexiona al final Neruda, hace que nuestra poesía y nuestra vida ya nunca pueda ser la misma.
 Es evidente que el viejo bolche no conocía lo que eran los blogs y mucho menos lo que es facebook. Ignoraba, no tengo dudas, lo que 5 comentarios pueden hacer sobre el sueño de los hombres.
 Mi primera reacción, ante el Éxito, fue de incredulidad, seguida de felicidad y más tarde euforia, hasta que una sombra eclipsó esa alegría recién alumbrada; como con lo de la cerveza, te acordás? más o menos?
 Había sido aprobado con gusto, había generado expectativas y ahora estas debían ser cumplidas. Sabía, sé, que el único espectáculo superior en belleza al nacimiento de una estrella, es la muerte: la caída: eso que en astronomía se conoce como supernova.
 Larry Bird recuerda como en una ocasión, antes del partido definitorio que podía darles el campeonato, escuchó desde los vestuarios rugir a la pesada del Boston Garden.  Esta multitud,  dijo a sus compañeros, está pidiendo sangre, la sangre de nuestros rivales, pero si no se las damos, nuestra sangre va a ser la que pidan. (Ahora que lo escribo no sé si viene al caso, si es tan ilustrativo, pero bueno, Larry Legend, que huevo, cómo jugaba)
 Igual se entiende, no?  Antes el fracaso era nada más que el costo aceptado, el precio acordado por jugar unas rondas. Ahora le temo como se le teme a un tigre (siento su respiración en la nuca mientras escribo, lo oigo trazando círculos sobre el piso de madera): si doy media vuelta y lo miro a los ojos (360 grados) podré ver mi miedo espejeando en los ojos hermosos del tigre. El fracaso es un precipicio, un vértigo, nos espera tranquilo como la muerte, crece a un paso de nuestros pies como una torre de oscuridad invertida. Fracaso: única tierra prometida (a no ser que seas judío).
A los próceres, a los pacifistas, a los defensores del orden y las instituciones, a los incomprendidos, esos con cuya presencia de a poco se honra el cielo (y las cárceles), a ellos pido ayuda en esta hora, a ellos pido que me salven de mi mismo y de la chusma.

Ya no temo al abismo. Una salida. Me miro en la mirada del tigre.
Doy un paso adelante.

                                                                                                              Seoane


[1] Para quien recién se engancha en este emprendimiento literario se le recomienda que antes de proseguir con la lectura de este texto, emprenda en primer lugar la del cuento mencionado “cosas como moscas”. Y que después vuelva, claro.

"EL MIMBRE"

Ramón había nacido siete mesino, hijo único de una familia humilde se había criado mitad en casa de su abuela y mitad en casa de sus padres.
Ramón había querido ser jugador de futbol, bombero, policía, doctor, presidente, astronauta y actor.
Ramón fantaseaba con encontrar al amor de su vida, pero este nunca apareció.
Cuando niño no fue feliz, guardaba muy pocos recuerdos de su infancia.
En su momento no le preocupaba, se paso su niñez soñando con ser grande, estaba convencido que ahí acabaría su desdicha.
Su vida había estado siempre invadida por la muerte.
Cuando tenia 8 años estaba arrodillado con la mitad de sus piernas hundidas en el arenero de la plaza, a media cuadra de su casa, cuando su tía lo tomo de atrás con un abrazo, cuando Ramón la sintió experimento un sentimiento de felicidad corriéndole el cuerpo, no estaba acostumbrado a que lo abrazaran, la sensación todavía vibraba dentro del pequeño cuando esta le dijo

-levántate tu padre acaba de morir y tenes que estar con tu mama.

A los 9 años murió su abuela, sentada en el patio debajo de la parra con el gato en la falda, los médicos dijeron que fue por causas naturales.
Cuando ya tenia 11 años, estaba en el salón de su escuela, se sentaba en ultima fila contra la ventana.
El sol primaveral y cálido de las cuatro de la tarde entraba atravesando el vidrio y le iluminaba la cara haciendo que sus ojos brillaran.
La maestra lo llamo a parte y le dijo que juntara sus cosas que tenia que ir a casa.
Esta vez quien lo dejaba un poco mas solo era su abuelo justo el día antes de cumplir sus 78 años.
Su madre se hundió en una terrible depresión, al año no se podía contar con ella para nada mas que para tormento de Ramón que se desvivía por sacarle una sonrisa.
A pesar de sus 12 años Ramón tuvo prácticamente que criarse solo.
Su madre siempre acostada con las persianas del dormitorio cerradas y un aire caliente, quieto y que costaba respirar, no hacia mas que maldecir su propia vida.
Ramón sentía una terrible angustia por la vida que llevaba su madre, pero nunca sintió lastima de si mismo, sabia que al menos el seria feliz de grande.
Pasaron los años y cuando estaba por cumplir los 16 su madre murió, un poco por el alcohol, otro poco por el tabaco pero sobretodo por haber pasado casi los últimos 4 años postrada en una cama.
Con 17 años y prácticamente solo en la vida, consiguió un trabajo como peón en un campo cerca del pueblo donde vivía.
Pasaba los dias en soledad absoluta, su único contacto con gente del pueblo era cuando el patrón le llevaba la ración del mes o cuando lo consultaba por como iba marchando la cosa.
Se convirtió en un hombre de pocas palabras, tenia las manos cuarteadas del trabajo y del frío.
Las piernas flacas y bastante chuecas mostraban un andar típico del hombre de campo.
No se si se olvido del sueño que algún día tuvo o se había resignado a una vida solitaria.
Una vez que le dijeron que no lo precisaban mas Ramón volvió al pueblo mas precisamente a la casa de su infancia.
Regresar no le produjo nada.
Dos meses antes de cumplir sus 43 años con mucho esfuerzo, parte de trabajo propio e inversión de sus ahorritos de toda la vida abrió en su casa un bar al que bautizo con el nombre  “BAR EL MIMBRE”
Cuando Ramón vio colgado el cartel, que iluminaba parte de la vereda en la noche, ensayo una pequeña sonrisa, una de las pocas que se le vio.
Atendió el bar durante 30 años sin cerrar ni un solo día.
A pesar de que el lugar casi siempre alojaba algún que otro borracho, que le gustaba contar sus problemas Ramón nunca parecía estar conversando, siempre estaba haciendo algo y de vez en cuando asentía con la cabeza.
Murió  a los 77 años tirado atrás del mostrador 1 hora después de haber cerrado.
Demoraron 6 días en encontrar el cuerpo que ya empezaba a descomponerse.
Lo enterraron sin velorio, en el correr del día.
A Ramón le gustaba la sensación húmeda que sentía en su mano cuando se ponía comida y los perros comían de ella.
A Ramón le gustaba cagar tranquilo a la hora de la siesta escuchando la radio.
A Ramón le gustaba refrescarse en verano con las bolsas de leche fría, se las pasaba por el cuello y por la panza.


                                                                                                                                             Nano

martes, 30 de agosto de 2011

Lo que fui y lo que soy

Mataron a un botija a los tiros, ¿espectacular no? Y todo arrancó porque unos querían pasar de pesados y se armo gresca, hasta que apareció un enfermito (nunca falta un enfermito en ninguna barra) y peló chumbo, “a la mierda botija”. El razonamiento de los chiquilines cada vez es más confuso, ojo no es que yo sea un ejemplo a seguir, en el liceo me fui a las manos con mi mejor amigo, ese que siempre andas para todos lados porque estábamos discutiendo si el Manchester United, en ese momento 2003, era mejor que el Barcelona. Ya ni me acuerdo quienes jugaban pero la cuestión es que un compañerito que nos estaba escuchando discutir nos dijo "tienen que ir a la plaza a la salida y lo arreglan a las piñas" y bueno fue así. La brillante idea surgió antes del primer recreo. Esa mañana anduvimos separados, cada uno por su lado buscando consejos sin cruzar miradas y sin hablarnos porque a la salida íbamos a resolver nuestras diferencias a golpes de puños, “como hombres” (después me entere que los hombres arreglan las diferencias con plata o hablando, pero pocas veces peleando). Me acuerdo que un pelotudo que tenía por amigo me tiró el “pique”: me dijo que le pegara la primera, que el que pegaba primero siempre ganaba. Así fue, cuando nos íbamos a medir, mi oponente, a esa altura ex-amigo  (hasta unas horas después del combate que todo se zanjó con un "Que loquitos pelotudos que somos") se fue a sacar el buzo y ahí nomás lo enrosque, sin mediar palabra. Era la primera vez que peleaba, antes yo era el clásico “carita de pija con lentes”, ahora me saque los lentes y pase a ser “el carita de pija” nomás, a secas) y no sabía cuando arrancaba la pelea: si se decía “¡pronto, listo y ya!“o si alguien gritaba como en el turf "laaaaaaaaaaaaargaron". Entonces opté por darle una trompada cuando mi oponente estaba con la cabeza dentro del buzo, creo que estuvo mal él ¿a quién se le ocurre sacarse un buzo en una pelea? tenés que ir preparado ya. El tema es que el único golpe que se vio en la pelea fue ese por suerte, el resto fueron empujones y abrazos, a tal punto que la pelea se terminó al grito de uno "me voy a la mierda a comer, esto es un embole". Ahí nos dimos cuenta que ni siquiera estábamos brindando un show digno, una vergüenza lo nuestro.
Pero ahora los muchachos se toman las  cosas más en serio, andan a los tiros como en el lejano oeste, es por eso que colgué los guantes. Pase de ser activo en una pelea a ser el hijo de puta que arenga desde afuera a que se peguen más fuerte, el que grita "son unas señoritas", el clásico cagón que la ve de afuera, y con el tiempo me di cuenta que es mucho más lindo mirar que participar. Aunque no nos podemos olvidar de una cosa, una gran cosa: "CORRECTIVO NO ES VIOLENCIA" por ende algún que otro correctivo se me escapa. No soy un ejemplo de nada, como me decía mi madre cuando era chico y ahora de grande me di cuenta que tenía razón: "Sos un pelotudo".
El Manso Sosa 

Los nadie

Anoche estuve en un lugar roto por la guerra.
Donde la vida valía poco y la muerte nada.
Estaba parado en el medio de una calle larga y vacía.
A mis costados se levantaban edificios, con paredes descascaradas y algunas casas que alguna vez fueron un lugar agradable y que ahora no quedaba más que el contorno.
De pronto la imagen saltó, miré a mi alrededor y  ahora a mi lado había un grupo de niños con sus padres.
Sentí una sensación de familiaridad.
Uno de los hombres sostenía un niño en brazos que tendría unos seis años y parecía dormido en su hombro.
Ellos no me hablaban pero sus caras si.
Sus rostros dejaban ver mucho cansancio pero sobre todo tristeza.
Cansancio y una tristeza tan intensa que hace que uno se mantenga en pie con el máximo esfuerzo para no caer desparramado en el suelo.
No pedían nada, simplemente miraban.
Los mire pero me di cuenta que no podía ayudarlos.
Comencé a sentir un poco lo que sus caras decían.
Primero sentí una incontrolable rabia subiéndome por el pecho que se fue convirtiendo en amargura, para luego transformarse simplemente en impotencia y el sentimiento murió hecho un nudo en mi garganta.
Había cuatro niños que estaban corriendo en círculos y jugando algún tipo de juego que no logré comprender del todo.
La ingenuidad que esparcían por el lugar el mundo que construian en su circulo me provocó una sonrisa apenas visible dejando entrever muy escasamente mis dientes, como si algo me impidiera reír.
Comencé a sentir el ruido de un motor, levanté  la vista, por la calle larga venían tres camiones verdes.
Cuando una de las mujeres vio lo que yo veía tomo a uno de los niños que corría en círculos en brazos y comenzó a correr ahora ella tambien.
Dos de los padres copiaron sus movimientos desintegrando, ahora si, totalmente el juego y ordenando a los otros niños que los siguieran, o al menos eso creí entender.
Ahora corríamos todos, pero ya nadie reía, nos dirigimos hacia uno de los edificios que se encontraba sobre la esquina de la calle.
Podía ver las espaldas de de las mujeres, hombres y niños alejándose, comencé a escuchar ruidos de disparos detrás nuestro y cómo con cada sonido un puñado de tierra le respondía levantándose hecho polvo a nuestro lado.
Mi cerebro comenzó a nublarse a inquietarse producto del desconcierto y trasladó la desesperación a mi corazón, que ahora golpeaba mi pecho con tanta fuerza que lo confundía con el sonido de los disparos.
Estábamos a unos 10 metros del edificio cuando en la esquina aparecio otro camion impidiéndonos el paso.
Dejamos de correr, al dar la vuelta comprobé que estábamos rodeados.
De los camiones bajaron rápidamente unos soldados, cada uno tenia un arma en sus manos que apuntaba hacia nosotros.
Se notaba claramente que eran mas jóvenes que los padres y madres que corrían conmigo y que ahora gritaban desesperados tratando de hacerse entender.
Uno de los soldados, que no tenía más de 24 años, se lo veía disfrutar de la situación, agitaba su arma y gritaba escupiendo en cada grito.
Tomó a uno de los hombres de los pelos y lo obligó a arrodillarse delante nuestro, mientras maldecia en su oído no se que cosa.
Cuando terminó de gritar dio vuelta el arma, lo golpeó fuertemente en la cabeza con la culata y lo dejo escupiendo sangre con la cara partida en el suelo. El  niño, que no hacia mucho dormía sobre su hombro, corrió para alcanzarlo, fue ahí cuando comenzaron a disparar.
Cada ruido de cada arma se correspondía con un agujero que les atravesaba el cuerpo, robándoles la vida.
Comprendí que iba a morir y sentí un miedo muy intenso, sabia que era cuestión de segundos para que una de las balas me alcanzara,  respire muy hondo encogiendo el abdomen y esperando el dolor.
Pensaba en quien era y trataba de distinguir si seguía con vida o estaba empezando a experimentar la muerte.  El ruido de los disparos continuó hasta que el único que seguía en pie, con la espalda contra una pared que me sostenía, era yo.
Despues de unos minutos dejaron de disparar, se acercaron y comprobaron que ninguno de los cuerpos tendidos en el piso respirara, dieron media vuelta, se subieron al camión y se fueron como si yo no existiera.
Los pies me fallaron, caí al suelo deslizando la espalda sobre la pared que aún me sostenía, quedé sentado con las piernas arrolladas y pegadas al pecho, los brazos cursados sobre mis rodillas y la frente apoyada sobre ellos con la vista perdida en el suelo. Cerré los ojos todavía muy aturdido y las lágrimas brotaron inevitablemente.
Lloraba cada vez mas fuerte y sentía una angustia insoportable,
acompañada de la imaginación que me mostraba  la noticia perdida en algún rincón de algún diario o contada por algún informativista mientras un dedo cambiaba de canal y una mano daba vuelta la página para llegar a la seccion de deportes... desperté.
Al segundo parpadeo de mis ojos ya tenia plena conciencia de que había estado soñando, pero no logré sentir la sensación de alivio que le produce a uno comprobar que lo sucedido no es real.



                                                                                                                        Nano



                                                                             

lunes, 29 de agosto de 2011

La muerte del mito

Tarántula by Elugo


Callaba y lo creían estúpido. Pero era tan sólo parte de su naturaleza, huraña y taciturna. Era sutilmente sensible al silencio, lo amaba profundamente. Los demás no comprendían el que no ansiara comunicarse con ellos, ignorando que ese silencio decía más que cualquier palabra.
Sus padres lo trataron con bandadas de especialistas, todos aplicando métodos fallidos. Llegaron a la conclusión de que no estaba clínicamente demente, ni era mudo, pues los esfuerzos de éstos lograron arrancarle algún que otro monosílabo y alguna que otra fugaz frase que dispararon sus precavidas cuerdas vocales.
Además, su madre creía haberlo escuchado cantar una vez. Recordaba como lo había encontrado solitario, tan diminuto e indefenso en un rincón de aquella inmensa casa. De sus ojos maternales pendían lágrimas, que se evaporaban a la escucha de un hermoso canto, una delicada melodía se sostenía dulcemente en el aire, en ese momento no supo si de verdad su hijo estaba cantando o si todo era producto de su imaginación, puesto que enseguida que el niño percibió su presencia, en aquel cuarto reino el silencio por sobre todas las cosas.
A la edad de nueve años le sucedió algo que le cambió la vida, que le hizo comprender lucidamente muchos de los misterios de ésta. Le hizo también comprenderse a si mismo con total claridad, como si la oscuridad a la que tanto temía se hubiera disipado muy adentro suyo.
La casa donde vivía parecía un refugio donde antaño habitaran colosos, o así la visualizaba él y sobretodo de noche cuando la negrura engullía el lugar. Y con que velocidad saltaba el corazón en su caja toráxica cuando tenía que atravesar el enorme salón en plena oscuridad para llegar a su dormitorio. El miedo estaba presente, lo sudaba por cada uno de sus poros bajo sombras. No se detenía ni un segundo y corría con la única intención de llegar a salvo a su cama. Miles de fantasmas lo acechaban en el camino, pero si tapaba sus orejas y trataba de distraer su vista de las sombras, éstos se disipaban por momentos.
Una noche, se preparaba en el umbral del comedor para la desafiante travesía hasta su cuarto. Necesitaba de un tiempo para concentrarse en algo, cualquier cosa, atenerse a una imagen fija en su cabeza o a algún recuerdo grato que tuviera en mente, una frase o canción que le gustara. Esto lo distraería y lo transportaría hacia el otro lado sin miedo alguno, pero era difícil mantener sus ojos cerrados. Cuando dio el primer paso, imitando a la luz en velocidad para así cortar transversalmente las tinieblas, creyó escuchar un sonido. Sus manos se comprimieron cobardes, quedó paralizado. Oyó con atención el extraño ruido, se hacia cada vez más latente, martillaba sus oídos. Quiso gritar pero no pudo, quizás por el desuso de su voz y la inobediencia de su garganta. El sonido lo aterraba puesto que no sabía de su origen, imaginó al monstruo que emitía el grito.
Pero su voluntad valerosa se impuso al miedo, se deshizo en su cabeza de toda monstruosidad supersticiosa y dio paso a sus conjeturas curiosas. ¿Qué era ese sonido? ¿De donde provenía? ¿Habría algún intruso en la casa? ¿Serían las voces de los antiguos gigantes habitantes de su hogar? Basta de estupideces, si quería averiguarlo debía moverse para conseguirlo, deshizo las ataduras ilusorias que lo mantenían quieto y se adentró al salón, con alma aventurera, como si explorara las profundidades submarinas cubiertas de negro. Caminó unos pasos, se posicionó en el centro del salón, escucho nuevamente atento.
El sonido se intensificó, ese chirrido se hizo más constante. Con sus oídos sensiblemente alertas, olfateo el rastro sonoro. Era un tono persistente, un monótono sonido que se asemejaba al chillido in crescendo de un animal mitológico en plena agonía. Y este ser monstruoso volvió para acecharlo en la oscuridad, el miedo lo envolvió nuevamente, cedió cobarde y corrió hacia su cuarto sin mirar atrás. El sonido se fue perdiendo en la distancia, desapareciendo por completo. Llegó a salvo a su cuarto y al cabo de un rato pudo dormirse, pero no logró liberarse de aquel sonido en sus pesadillas, éste se moldeó en infinitas formas aterradoras.
Despertó con su cuerpo cubierto de sudor y rayos solares, con el corazón latiendo aceleradamente. Fue corriendo a buscar a su madre, la abrazó y ésta comprendió que algo ocurría, lo miró a los ojos y vislumbró el terror que su hijo había sufrido. Éste señaló con su dedo el salón e hizo un gesto para que lo acompañase, ella tomó su mano y caminaron hasta allí. Los pies del niño se encontraron en el exacto lugar en el que había estado el día anterior, señalo sus orejas, pidiendo a su madre que escuchara. Ella complaciente le hizo caso, pensó que todo era parte de un juego, pero éste era algo más serio y crucial de lo que creía. Silencio, nada más que silencio, el niño empezó a desesperarse, se preguntó como era que ahora no escuchaba nada.
Vaciló por un momento al concebir la ingrata idea de que el sonido había provenido de dentro suyo, que era el único capaz de escucharlo, que era una tortura autoimpuesta o que lo más profundo de su ser intentaba decirle algo mediante el uso de vocablos guturales.
Su madre le dijo que tenía que cocinar, que bastaba con el jueguito, que ya la estaba asustando, que no comprendía lo que fuera que quería que comprendiese, que hablara si necesitaba decirle algo, que su cara inmutable sin voz la exasperaba. Y se fue a la cocina dejándolo en soledad consigo mismo. Se puso furioso, recorrió todo el salón con sus orejas alertas a la menor vibración sonora.
Pero nada, su búsqueda auditiva fue en vano, se desinteresó por la cuestión y retomo su rutina diaria. Fue a la escuela (la odió como siempre), regresó a su casa (harto de sus compañeros), hizo los deberes (obligado por su madre), miro algo de tele (para matar el aburrimiento), cenó junto a sus padres (en profundo silencio).
Y ahora se encontraba otra vez parado en el umbral que da al salón, en los preparativos de su arriesgado viaje, pero algo era diferente. La curiosidad se hacía inmensa, estaba decidido a desentrañar el misterio. Se adentró serenamente en la oscuridad y ahí percibió el sonido. Siguió el ruido sigilosamente como un sabueso de caza que persigue a su presa. A medida que se acercaba, sus tímpanos sentían más rabiosamente el efecto sónico.
Encontró al fin su origen, uno de los bancos de madera que su padre había construido hace unas semanas, se había sentido orgulloso al prestarle laboriosa ayuda alcanzándole una por una las piezas que ahora construían su tormento.
Su primera impresión fue la de encontrarse frente a frente con un objeto vivo antes inanimado, confió entonces en las viejas palabras de su abuela que decían que todos los objetos poseían un alma propia.
Inclinó su cabeza por sobre la superficie del banco, pegó su oreja a la madera, escuchó con atención ¿qué significaba aquel extraño sonido? ¿qué lenguaje de antaño era aquel? Millares de palabras en lenguas desconocidas se asomaron en su pensamiento, se preguntaba si acaso eso no era latín o el idioma perdido de un imperio derrocado.
Sería tan afortunado de encontrarse ante una oportunidad única en su vida, pensó. Sería acaso el elegido para prestar escucha a algún secreto universal, el más glorioso oyente de la composición magistral de toda la orquesta cósmica. ¿O tan sólo sería el canto apagado, último lamento de aquel desgraciado árbol que termino siendo de profesión mueble?
Todas estas hipótesis surgían abruptamente en su cerebro, comprendió por primera vez el verdadero significado de la filosofía, se sintió primerizo en la construcción de una leyenda, creyó que lo que estaba a punto de descubrir era de tan vital importancia para la humanidad que obtendría fama y reconocimiento mundial y su nombre tendría lugar en los tediosos libros que él y sus compañeros de clase eran obligados a leer.
Pero el misterio seguía intacto, todavía lejano, el taladro sónico seguía vigente, tuvo la sensación de que sus oídos se descomponían en partículas. Preso ahora de un calor infernal que recorría sus extremidades, se sintió con los pies lejos de la tierra y su cabeza seguía inevitablemente pegada a la madera.
El sonido cesó de pronto, pareciera que el ser que vociferaba aquello percibió la intrusa presencia. Pasaron minutos en silencio, como si ambos lo hubieran pactado. Pero el niño ante lo todavía desconocido y que ahora callaba, sintió exasperación. Estalló en furia, su alma iracunda lo hizo tomar el banco de madera y reventarlo con todas sus fuerzas contra el piso. La madera se desparramó y quedó inerte sobre el piso, el niño siguió partiendo lo que quedaba del banco. El ruido era estruendoso, tanto así que su padre fue a ver que pasaba, prendió las luces del salón y vio a su hijo como jamás lo había visto, gritando desaforado, enojadísimo, como un demente haciendo estallar madera y volar astillas. Fue corriendo hasta él y lo contuvo en sus brazos, su hijo estalló en lágrimas de impotencia, aún no había descubierto que era aquello que hacía aquel tortuoso sonido. El padre observó su obra carpintera totalmente hecha pedazos, algo se movía entre éstos, se escuchó de ese algo un chillido, que se hacía constante, “es un gusano de la madera” vociferó su padre.
Así, su delirio imaginativo se desvaneció como el aserrín mítico tragado por aquel maldito insecto, producto de la tan insulsa ciencia.
Así, insultó a su padre, pero más tarde en su vida le dedicaría cien alabanzas, pues ese fue el día en que descubrió el verdadero sentido de su vida, se animó por fin a hablar, encontró su voz perdida, aterrizó en el mundo con la presencia omnipotente del albatros, se llamó a si mismo poeta y se dijo que dedicaría todos sus esfuerzos a la bella concepción de trazos lingüísticos que unieran el mundo intangible al que se sintió siempre afín con el mundo de los hombres del que ahora se sintió parte.
Elugo

Bolero

un bolero es una canción con alma de mujer

mi abuela al sol en el cuarto del hijo
señala en un libro enorme la melodía de agujas negras:
reloj, no marques las horas
canta mi madre de los ochenta -rulos, camisa a cuadros-
como antes, más que antes, te amaré
le sonaba la radio del mediodía
mientras preparaba apurada el colchón de arvejas.
yo me tiraba entre las cómodas bolitas verdes y la zanahoria
mientras la radio dale que dale
con que solamente una vez se entrega el alma

después un bolero con amigos
manos repiqueteando contra la mesa
una ducha colectiva en verano
probar mi voz de mezzosoprano
entonando sabor a mí
tan parecida a los ritmos pegajosos
de la memoria

bolero también es cuba
la bellísima cadencia de los veteranos que saben
que lo cursi es sublime
si chorrea justo lo suficiente

bolero: canción mareo, boleada y no boluda
aunque parece

muchas veces se me antojó que un bolero
es una canción de dios
esas que ordenan el mundo
también un baile y una
discusión sobre la música popular

no sé bien de dónde vienen los boleros
¿debería averiguarlo para este poema?

bolero tiene que ver con maracas
senos que se sacuden y suenan
como si al corazón le pusieran un sonajero
en vez del bombo sordo y húmedo
unos caireles secos, no tonales, percutidos, varios y en secuencia:
shicat shicati shum shum
szzzzzzzzz y la letra
el estribillo

si quiero escribir un bolero
para que mi primo andrés le ponga música
tendría que tener manos de mujer.
un género es un idioma
un cierto modo de hacer las cosas
una receta sin el gramaje de los ingredientes
aventura del ojo y el oído
el aroma de lo crocante:
un bolero como una torta
que se pone dorada, doradita
una canción de amor de mujer
despechado o difícil
qué sé yo, un bolero
nunca tuvo miedo del pasado

para escribirlo puedo empezar por la ternura
de una mañana matinal
o por el despecho que contigo aprendí
te veía compensar todos los sacrificios
con las charlas por teléfono y el chocolate

por ahí decir esas cosas que así se dicen
como las decían mi madre y mi abuela
como te amo y te necesito
voy a apagar la luz para pensar en ti
-mi cama de los quince años
con la esterilla y la mano curiosa
debajo de las sábanas con gatitos-
mujeres y boleros como flores
en un jarrón de la vereda tropical
la comedia a las cinco y unas polleras rojas
cerca de una playa.

no sé si este poema termina acá
o debiera venir ahora - ¡romántico lector!-
un tremendo bolero con la sangre de méxico
portentoso como la cuba loca

estoy en uruguay
no hay tanta fruta
colgando y semillando por ahí

sin embargo las voces sentenciosas y dulces
de los boleros y las mujeres
cantan aún en la grisura esperanzada
de mi soledad.
aunque la verdad
no sé tu pero yo
ya sería hora de que se callaran
La Gata Flora

Deportivo


 Parece que se nos ha tomado por unos nerds, intelectuales escondidos detras de una PC. Gran error. Comento que el blog pasará a tener artículos deportivos de todos los colores (y con un periodista deportivo como cronista).

El famoso Fútbol....

 El finde nos dejo a Danubio FC como puntero del fuchibol yorugua con 9 puntos, escoltado por Cerro, Peñarol y River Plate que lo siguen con 7.  Esta todo muy tibio para sacar concluciones, de esas que les encantan a los  periodistas uruguayos, que hacen luego el festín de los programas de recorta y pega, con la clásica de la opinión contradictoria en un mismo personajes. Aun así volvió a mojar el archifamoso Antonio TONY Pacheco, esta vez de tiro libre, para los ordinarios que decían cosas de más. Además como siempre mojo en un clásico, para no olvidarse de lo suyo.  Y por si fuera poco es el goleador del torneo, título que comparte con el Pelo Ortiz, el Grone TUCUTUCU Zalayeta y Frezeer Risso.
 NO nos podemos olvidar que Ruben "Polillita" Da Silva fue cesado de su cargo y sera sustituido por el famoso Raúl Moller, quien es recordado por el escándalo de la creatina de caballo a juveniles aurinegros. El polémico episodio terminó con su desvinculación del club. Al parecer la creatina de caballos era muy cara y no cerraba en el balanze anual, donde se había insistido que se de licuado de banana.

La gran Naranjita...jaja

 Pasamos raya y hablamos de basketball, Uruguay ganó el único trofeo que le falta a Manu Ginobili, el Oscar Moglia. La verdad, y lo digo como opinión personal, pensé que Argentina B nos ganaba, pero Uruguay logró sembrar en mí la semilla de la duda y porque no, la de la esperanza. O sea que vamos a mirar los partidos con mucha atención esperando primero pasar de fase y luego meternos entre los 5 mejores. 
 Para los despistados les paso a contar que el torneo se juega, a grandes rasgos, en 2 grupos de 5 integrantes, de los que avanzan 4 de cada grupo (con sus puntos). Los que logren avanzar juegan contra los 4 clasificados del otro grupo y de ahi se arma una tabla general, donde los 4 primeros pelearán por el título y el tercer puesto. Aunque lo importante está en que los 2 primeros de esa tabla general (seguramente Argentina y Brasil) clasifican derecho a Londres 2012, mientras que el tercero, cuarto y quinto van a un repechaje no sé con quién ni cuándo. El tema es que ahí está la "esperanza" de Uruguay, el famoso y tan nuestro 5to puesto.
 En la serie celeste están Argentina, Puerto Rico, Panamá y el siempre fácil paraguay (nótese que lo pongo con minúscula). Bueno, de Argentina qué decir, generación dorada, Oberto, Delfino, Scola, Ginobili, etc. Panamá al parecer tiene un NBA que anda bien, pero no es fuerte como equipo. Por ultimo Puerto Rico, el siempre dificil Puerto Rico, de la mano de JJ Barea y su reciente anillo parece que se quedan con el segundo puesto en el grupo. Bueno así esta la cosa, a mantener los ojos bien abiertos que la liebre una vez se comió al lobo. 



                                     
                                                                                                                    titino





PD http://zoonpolitikonbbc.blogspot.com/ es un blog amigo, muy amigo que recomiendo a todos los aficionados del basket amateur y siempre competitivo.

cosas como moscas

 Mientras camino por Islas de Flores y estimo la distancia que nos queda hasta que los tambores completen su recorrido pienso que deberíamos haber comprado más cerveza. Es absurdo creer que toda cosa produce siempre un mismo efecto, que es siempre igual de efectiva. Hay cervezas y cervezas y ésta estaba fantástica.
 En mi cabeza seguía manteniendo, como con un eco, una conversación que habíamos tenido hacía minutos en casa de unos amigos de paula. Jugábamos a los intelectuales. Como sucede siempre, las mejores ideas, las palabras exactas acudían a mí en ese momento, cuando solo podía compartirlas con fantasmas (aunque ahora, al escribir, cuando el efecto de la marihuana ya ha pasado y golpeo el silencio de mi casa con las teclas de la computadora, pienso que éstas, en realidad, eran vanidosas y complacientes). Me intimidan las conversaciones de adultos, tengo siempre miedo de hacer el ridículo, de que se den cuenta que estoy sentado en la mesa equivocada. A veces me sigo pensando un niño. Quizás ahora ellos estén, cada uno, sintiendo lo mismo. No sé. De alguna forma ser adulto es asumir la mascarada.
Cuando nos acercamos al final formamos una ronda. En el centro está el candombe. 
El sonido de los tambores cava un pozo en mi pecho. Golpea la puerta de mi soledad. Siento que somos moscas atraídas por la luz de un farol. Si existe un Dios debemos ser, para él, cosas como moscas. Me siento satisfecho y en paz al pensar en eso.
 Caigo en la cuenta mientras camino, en la noche asediada por los tambores, que estoy escribiendo un cuento. Este cuento. 
                                                                                                                         
                                                                                                             Seoane

viernes, 26 de agosto de 2011

nadie nunca nada

somos lo que perdemos  la fuga
la cantidad exacta que nos escapa
el significado diseminandose por cada ranura del aire
(a rose is a rose is a rose is a rose is a rose)
y nosotros la jaula

somos
eso  que por instantes 
en forma de inmensidad o silencio
nos invade  nos habita  nos nombra
la tristeza el amor el deseo
dios
en fin

                                         Seoane

miércoles, 24 de agosto de 2011

Lacanciónmáspunkdelmundo

Cosas obscenas sobre la alacena,
Cosas obscenas sobre el escritorio.

Cosas obscenas durante la cena,
Cosas obscenas durante un velorio.

Cosas obscenas recorren mis venas,
Cosas obscenas en los mingitorios.

Cosas obscenas cubiertas de penas,
Cosas obscenas cubiertas de lodo.

Cosas obscenas dicen las nenas,
Cosas obscenas dicen los loros.

Cosas obscenas resultan amenas,
Cosas obscenas resultan jolgorio.

Cosas obscenas quiere Gimena,
Cosas obscenas quiere Gregorio.

Cosas obscenas saca un enema,
Cosas obscenas paga un mecenas.

Cosas obscenas atan cadenas,
Cosas obscenas al calefactorio.

Cosas obscenas en cuarentena,
Cosas obscenas en el emporio.

                                               Rabotnick / Elugo

Perro flaco

este perro era extremadamente flaco, rondaba lo increíble. Le decían perro flaco, tenía como cualidad el mirar a la gente profundamente.
guauuu -- emitía pocos sonidos, pero extrañamente perro flaco parecía decir todo lo que tenia para decir.
Que criatura rara pensaba yo, seguro que tiene algo muy importante para comunicar.
Un loco pensamiento puede entorpecer más de lo que uno puede bancar, eso pasa y mucho. Les puedo jurar que perro flaco me miraba contándome su problema pero yo no podía entenderlo.
Fue una gran confusión todo aquel tema que me tuvo en vilo todo un verano, un problema que nunca pude terminar de desenrollar, que nunca se terminó de revelar, un enemigo digno de mi mente, un perro flaco

                                                                                                                      Tito

martes, 23 de agosto de 2011

Del volantero





  Corazón y pensamiento
  se amigan por el divino hecho,
  no por razón del derecho,
  ni por la amenaza constante
  de uno que dice TE ECHO!!!
                           
                                        Tito

La música se siente

¿Que hay de esos sonidos turbulentos
que velozmente rapaces asaltan la oreja,
emitiendo caricias musicales,
esparciendo un conjuro en quien se ablanda
y deja fluir su ser a través de ese mar sonoro?

Escucha, y sólo así comprenderás a que me refiero,
cuando uno se siente primitivamente parte de un ritual,
alineado con el cosmos en su totalidad,
dejándose arrastrar por ese torrente
que lo envuelve a uno,
retorciendo extremidades a su antojo.

Que sensación más sublime,
trombones diabólicos emiten sus gritos de guerra
y uno se somete gustosamente
a la tiranía deliciosa del imperio auditivo.

Festejo es verdad,
y celebración de todo lo vivido.
Grandiosa experiencia,
de lo más cercana a la religión,
para el individuo de buen gusto y criterio.
Mentira; un disfrute popular,
que convierte en avalancha
la acción de muchas personas,
y en danzas contagiosas como epidemias,
transformadas en la única liberación
correctamente aceptada
desde el principio de los siglos.

Elugo

lunes, 22 de agosto de 2011

¿La música se siente?

¿A quién no se le quedó en la mente una canción? ¿a quién no lo ha motivado a bailar, a cantar, a pasar por situaciones que por un momento te lleven a la vergüenza o a captar la atención de todos y convertirte en centro de atención? 
Ella estaba parada ahí, sin darse cuenta en medio de todos, siendo protagonista, no se preguntó el por qué, el cómo, el cuando ni el qué hacer… simple y llanamente escuchó algo, algo que la incitó a moverse, a interpretar con su cuerpo el beat, el ritmo, el verso…. La canción la incitaba a ser, a moverse, a bailar. 

El movimiento no era lo más coordinado, pero sin duda incitaba, alentaba y llamaba la atención de la gente que estaba ahí… Ella seguía, al parecer, pasos ya practicados o ya imitados de la publicidad, la mercadotecnia, eso que la mayoría de nosotros consumimos.

Era verano, así que hacía calor, su facha era normal para la edad, pero diferente a las demás, comenzó a sudar al instante, pero fue sorprendida cuando se le acercó una mujer y le quitó la ramera rosa que llevaba puesta, había quedado casi desnuda, eso no le molestó, obviamente llamó la atención de la gente, pero en ese momento la intervención no le incomodó, tal vez la pudo haber desconcentrado pero justo en ese instante entró el estribillo de la canción, el verso que hizo se olvidara de lo que estaba sucediendo y la incitó a poner mayor energía, a bailar desenfrenadamente, tanto así que capturó completamente la atención de todos al punto de empezar a aplaudirle, a ponerse a cantar y alentar para que siguiera con aquel baile tan característico.

Justo en el momento en que era el centro de atención de la fiesta familiar, ocurrió un inconveniente, y la torpeza en la forma de bailar la llevó al suelo. Ante esa situación lo primero que se vio fue una fuerte incertidumbre, después un sufrir por el golpe y finalmente el llanto. El problema se solucionó cuando la misma mujer que le había quitado la remera se acercó y le dio un biberón mientras la gente aplaudiendo comentaba: 

-¡Qué linda! 
-¡Ay! ¡tan bebe y mira como baila!

Y la música movió a la nena, era la bebe más linda y hermosa… ¿y qué bebe no es lindo? y por eso, la mayoría de la publicidad según estadísticas vende su producto si pone un BEBE, SEXO y/o  un PERRO, pero:  ¿y la MÚSICA?



Cuate Cesar

El día que "La Payeiro" tocó el piano.

Estoy sentado en el living de mi casa con mis 21 años encima mientras fumo con una calma que sé algún día voy a extrañar.
Entre pitada y pitada siento el humo apoderarse de mi cerebro, haciéndolo chorrear el líquido del buen humor.
Entre uno y otro pensamiento, en determinado momento me viene a la cabeza un recuerdo que no sabía ni que existía, fue como si otra persona me lo contara.
Sólo que esa otra persona era mi cerebro, que se ve dio error y levantó información vaya a saber uno de dónde.
Ahora estoy en el año 1997 y tengo 8 años, estoy dentro de uno de los salones de mi escuela, más precisamente en el salón de canto como le decíamos nosotros.
Tengo una túnica blanca o que lo fue en algun momento, y el moño azul en el bolsillo. Dejarte el moño en el cuello era de pelotudo y peor si lo tenías planchado y formadito. Esto era pedir a gritos que te la dieran en el recreo o a la salida, la peor opción porque la escuela alegaba que después de las 5 de la tarde (hora de salida) dejabas de ser su responsabilidad y por lo tanto te daban hasta que se aburrían.
Si una maestra o la directora te obligaba a ponértelo la mejor opción era acceder pero dejándolo colgando, "así nomas", "a lo macho".
Estamos cantando no sé qué canción, supongo sería el himno nacional o "Mi bandera", no eran muchas las opciones.
Quien fue a escuela pública sabrá de lo que hablo, allí no existía ni Diego Torres con su “color esperanza”, ni Drexler y su “me haces bien” que años después me entere se suelen cantar en las escuelas privadas.
No señor, se canta el Himno y de parado con 40 grados de calor en un salón que era para 15, cifra que  triplicábamos.
Si tenias suerte te tocaba "atravesando el campo camino a la cuidad iban toditos los criollos cantando la libertad” o algo así  y ahí si era una fiesta.
No sé porque nos ponían las clases de canto después del recreo, lo que hacía que los varones llegáramos todos rotos y empapados en sudor por la media hora de partido que sabías que cuando sonara el timbre iba a terminar; sí o sí, sin chance de revancha o alargue hasta el otro día. Además siempre había algún que otro repetidor que ya chivaba, lo que hacía bastante difícil meterse en el sauna ese a cantar el himno.
Por un tiempo se nos prohibió correr en el recreo debido a que al parecer, el mismo era sólo para charlar y comer la merienda, otra de las razones fueron las quejas de la maestra que decía que había mucho olor a "champion", forma amigable de decir que no se podía del olor a pata.
A mi me encantaba ir a clase de canto porque no había cuadernos, tampoco sumas y restas. Lo único que había que hacer era cantar como a uno le viniera en ganas mientras la profesora subía y bajaba las manos haciendo señas que nadie tenía ni puta idea que querían decir o al menos yo no lo sabía y cantaba siempre igual de feo.
Terminando la clase nos hacían poner en fila y tomar distancia (uno tenía que estirar el brazo y colocar la mano en el hombro del compañero que tuviese delante para mantener una distancia prudencial al salir).
En ese momento no era muy consciente pero la escuela es como un mini cuartel y tiene muchas cosas de milico.
En la esquina del salón al lado de la puerta había un piano negro, enorme y brilloso. Estaba terminantemente prohibido tocarlo, no se sabía de nadie que haya podido hacerlo con el debido consentimiento de la maestra.
Todo se iba desarrollando con normalidad, íbamos saliendo en fila como siempre.
Al salir cruzábamos por al lado del piano, que nos desafiaba tentador a ser tocado, pero sabíamos que lo mejor era seguir sin frenarse, cuando de repente se siente un: "tannnnnn tannnnn Tannnnnngggg".
El sonido daba a entender que había sido alguien víctima de la tentación, que sabiéndose culpable, sació su sed a más no poder.
Todos nos dimos vuelta sorprendidos, mirando a los sospechosos de la falta, sobre que vi a las caras de los posibles candidatos, sabía que había sido ella: “ La Payeiro”
La Payeiro era para mi una especie de enemiga y aliada al mismo tiempo.
Cuando no teníamos un enemigo en común, nos odiábamos, pero cuando existía un tercero en discordia, tenerla a tu lado era un punto a favor. Era lo que las maestras llaman "una atrevida", aunque en realidad lo único que hacía era contradecirlas llevando la discusión hasta el final y a veces en un tono medio burlón que ellas odiaban.
Mientras el sonido seguía golpeando las paredes sin abandonar el salón como prueba del delito cometido, la profesora furiosa y dispuesta a encontrar al culpable de la terrible desobediencia optó por uno de los métodos mas viejos.
-          Fuiste vos Lucía!!!
-          No, yo no fui.
-          ¿Entonces quién?
-          Fue la Payeiro

Lo último que recuerdo es ver a la maestra atravesando el patio y alejándose con la culpable, tomada fuertemente del brazo por miedo a que se diera a la fuga supongo, rumbo a la cárcel de la escuela: la dirección... pobre Payeiro, era una artista.
                                                                                                                                         
                                                                                                                                     
                                                                                                                                           Nano

Acotado

Me doy cuenta que sin darme cuenta ya soy parte.

Soy parte, estoy dentro y no menos culpable que cualquiera.

Como cualquiera, sigo al pie de la letra las indicaciones, creyendo que hago las cosas bien.

Bien acepto lo que me dicen desde que despierto hasta que duermo nuevamente, critico, reprocho y lo alimento, dándole forma.

Forma me da, me educa como quiere, como le conviene, creo que aprendo, que me nutro, pero no son más que mentiras, vivo rodeado de fantasía y sólo me enseñan como funciona.

Funciona quien me educa como un derrotado, un aceptante.

Aceptante, me veo formado con un montón de valores ficticios que creo verdaderos y que en algún momento transmitiré. Valores que ya he transmitido, desembocaduras del pensamiento religioso que tanto rechazo y que se burla de todos, que nos maneja y saca lo peor de cada uno haciéndonos creer capaces de la verdad.

En verdad, rechazo y reprimo mis instintos, los creo equivocados, cuando en realidad es lo único puro que aún conservo.

Conservo mi cuerpo y mente polucionada, la mentira se convierte en la mejor arma de supervivencia, cada vez lo hago mejor, es preocupante porque hace un tiempo que la practico conmigo mismo.

                                                                                                                                     

                                                                                                                                           Nano

domingo, 21 de agosto de 2011

Sombra

Sostenía en mis ojos el reflejo de los suyos,
seguía con mi olfato la fetidez de sus palabras.
Oía sordo la soberbia ventisca,
emanada por el movimiento de sus labios.

Se apartó de mí, mi sombra,
tomó su brazo izquierdo con ambas manos.
Meticulosa y sombría fue la incisión de sus dientes.
Sus venas gimieron,
las negras fauces bebieron.

En cascada intravenosa la sangre fluía:
sus fuerzas sucumbieron,
sus piernas cedieron.

Cayó al piso, sumergido en aquel rojizo lago,
se ahogó en sus venosas transpiraciones.

Sonreí y me palmee el hombro.
Mi sombra correspondió el gesto,
igualmente agradecida

Sin moverme de mi sitio,
logré batir su orgullo.
Contemplé el rendimiento no asumido de su ser
me voltee y camine, temeroso de ver...

Elugo

Otro

El otro se confunde conmigo mismo.
El otro adentro del espejo.
El otro con mis ojos mirándose.
El otro con su voz, moviendo las manos.
El otro, todo mermelado de mi.
El otro que sonríe.
El otro que me arma como un rompecabezas: acomoda mis piezas uniendo los colores y las formas.
El otro en su balance, su balanceo.
El otro con su olor y su temperatura.
El otro con su culo, sus axilas y sus genitales.
El otro con su piel.
El otro con su ropa.
El otro atravesado por mis otros del día.
El otro, su decisión de estar ahí, intuyéndome atrás de un vidrio hermético.
El otro, su capacidad de irse, mi incapacidad de detenerlo.
El otro, mi capacidad de irme, su incapacidad de detenerme.
El otro remake, reedición o cover.
El otro como un eco de los primeros otros.
El otro estilo sobre el mismo lienzo.
El otro como un sol. En una risa imprevisible.
El otro que amenaza, avanza y retrocede.
El otro en una jaula de palabras.
El otro y sus orejas, sus dientes y su pelo.
El otro con su origen.
El otro con su madre y con su padre.
El otro con su cama de infancia.
El otro en su silueta, en sus zapatos.
El otro al lado mío.
El otro a mi costado, enfrente, atrás, más alto, igual o más bajito.
El otro con su exacta cantidad de años, semanas, días, minutos y segundos.
El otro, su tibieza, todo mermelado de mi.
El otro en el límite. La frontera barrosa. En el barro y la arena, también en la vereda.
El otro apenas, hoy, todavía, ayer, un día, mañana, siempre, casi.
El otro casi casi.
El otro
Y
Yo.

La Gata Flora 

sábado, 20 de agosto de 2011

Acerca del Hamlet




La fotografía los muestra a los dos, en el aire, suspendidos, en su teatro sobre el viento armado. Cada vez que vuelvo los ojos sobre ella, como sobre un espejo, me devuelve el mismo rostro, la misma elevación de los cuerpos, la misma trayectoria incierta, apenas interceptada de la pelota, el mismo agon prolongado y detenido por el destello de luz de la cámara, robado al devenir, a un instante del espacio y del tiempo. Detrás de ellos el público, mendigos de la gloria, los sueña, los sostiene, no son, ellos dos, más que imágenes de sus sueños, si despertara el público, se apagarían como una vela.
La revelación es, al menos, inquietante. La foto en blanco y negro no hace sino develar los colores del tablero ¿sabe el jugador qué rigor lo mueve, sabe que las alas son cadenas que lo atan al cielo? 
                                                                                                                 
                                                                                    Seoane

El manjar

Que “aquel verano había sido el más caluroso de todos los tiempos” era lo que comentaban aquéllos que ya peinan canas mientras jugaban una partida de "chancho va" y tomaban un rosado dulce. Aurelio había terminado su jornada laboral, la cual disfrutaba; cada día cumplía las 8 horas, y cuando terminaba esperaba ansioso volver al día siguiente a la terminal para comenzar de nuevo a barrer los andenes. Pero no sabía que ese día no iba a ser tan sólo un día más en su rutinaria y aburrida vida. Ese día, Aurelio se subió a su bicicleta y se dirigió al bar para beber una copa y así hacer más ameno el encuentro con su esposa Olga. Ella era de esas personas irritantes, capaz de cansar hasta al más mesurado. Las vecinas solían evitarla, en el barrio se cuchicheaba que una vez Doña Ramona para no encontrársela cara a cara, había intentado cruzar de acera y ahí mismo el autobús la habría dejado “revisándole el eje desde abajo”. Aurelio salió furioso del bar, nunca nadie lo había visto así en el pueblo, pedaleo tanto como sus cortas piernas le permitieron hasta caer acalambrado de tanto esfuerzo.
Pasaron los días y no se presentó a trabajar, no apareció en el bar, ni fue a comprar su almuerzo en la confitería de su trabajo. Brian, el comisario del pueblo, fue a buscarlo a su casa pero no lo encontró. Si vio a Olga cocinando tranquilamente. Luego de un largo interrogatorio y de no encontrar pistas sobre la misteriosa desaparición de Aurelio, se marchó a la comisaría convencido de que aquel simpático personaje se había marchado debido a que no soportaba a su mujer, una decisión bastante lógica.
Al otro día cuando el comisario Brian se dispuso a ir a buscar algo para almorzar, apareció Olga con una bandeja de empanadas de carne, una carne rellena y milanesas de carne. “La ofrenda” según dijo la señora, era para inspirar al gordo Brian a que encuentre a su marido. Luego de que se marchó, toda la seccional se juntó a degustar ese exquisito manjar. Al primer bocado todos sintieron un gusto raro en la boca, la carne era más dulce y mas tiesa que de costumbre.
Todos olvidaron agradecerle a Aurelio por aquel banquete, gracias a él y por él estaban degustando carne humana sin siquiera sospecharlo.


El Manso Sosa