jueves, 23 de mayo de 2013

La Cita VIII



Todos los viernes la muchachada hacia un asado. Ese día no fue la excepción, el mitin fue en casa de Antonio. Quiso la causalidad que Osvaldo fuera el primero en llegar. No era algo normal ya que no se caracterizaba por ser un tipo puntual. Ese día se trataba  de la pura necesidad de expresarse, de compartir un momento con un amigo, sin capas, sin peros, sin cortinas. Pero Osvaldo no lo sabía. El era de esas personas que se mantienen calladas, esos que esquivan hablar de si mismos. Risas, chistes, preguntas sin respuestas son sus métodos. Si bien para sus adentros era un tipo muy reflexivo, no lo exhibía, no por miedo, o que lo juzguen, el era así, reservado. Antonio por su parte era todo lo contrario. Era un tipo de esos que están esperando que les preguntes qué le pasa, y como mucho, alguna vez, se hacia preguntar dos veces.
-¿Qué haces hermano?- comentó Antonio mientras abrazaba efusivamente a su amigo-¿Todo lindo?
-Bien, bien, todo en orden, por suerte. ¿Vos?, ¿todo bien? Me entere que estas de soltero- y mientras se reía cambio la voz- la patrona se fue a ver a la madre.
Terminada la risa y los chistes fáciles que dos amigos suelen hacerse, hablaron de cosas al pedo, un poco más de relleno para ir preparando el plato principal, que de alguna manera ambos sabían que llegaría. Antonio, que no era nada bobo, a pesar de ser un poco atolondrado, notaba en Osvaldo un cansancio extraño, particular, algo que se lleva directamente en el cuerpo, ojos, hombros. Además, que su amigo estuviera ahí a esa hora era por si solo un motivo de sospecha. Osvaldo también lo noto, callo en cuenta que su extraña puntualidad no se debía a una mera casualidad. Su amigo, sin más preámbulos lo encaró
-Che Osvaldo, de verdad loco, ¿vos todo bien?
Fue una voz calida la que hablo, esas que inspiran confianza, las que abrigan una charla. Era un amigo del alma, esas personas que están siempre. Aún así a Osvaldo le costaba. No encontraba un punto de arranque a todo este asunto que le andaba complicando. No podía ponerle pies y cabezas. Se encontró mareado ante los acontecimientos.
-Si, loco, que se yo, con algunos temas- y cuando quiso llenar de humo el asunto fue que se desplomó, un repentino anhelo de descarga lo hizo escupir todo- En realidad hermano, ando con un tema re jodido. Es con el viejo, capas exagero pero me ha tenido en vueltas.
Sin entrar mucho en detalles, le explico a grandes líneas que andaba medio caliente con el viejo porque pensaban diferente y que se habían puteado feo. Antonio era un tipo pragmático, no se preguntaba mucho las cosas. Al pan pan y al vino vino. Era una persona desapegada,  no cargaba en los demás penas propias y eso le daba una ventaja a la hora de tomar decisiones drásticas. Además, si bien conocía a ambos y solía coincidir más con Alberto, fue tajante al defender a su amigo.
-No le des bola, que se valla a cagar por viejo de mierda.
Antonio estaba convencido de que si el viejo no lo quería respetar como era, que no había más que hablar. Y fue tal la verdad que exhibió, o con la firmeza y convicción con las que dijo esas palabras, que fueron una suerte de suero para Osvaldo, que al contrario de el, si solía dejar reposar en el otro algunas valoraciones personales o penas propias.

                                                                                      tito

2 comentarios:

  1. Muy bueno Tito! Sobre todo el final. Abrazo!

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